martes, 22 de enero de 2008

Artistas vendidos - El que arroja la primera piedra.

Hoy viene un poco distinta la mano. Hace unos meses me encuentro de pelea en pelea por algunos foros y páginas en relación a los "artistas vendidos". En particular, con el ya antiguo pero todavía (al parecer) polémico pase de Alejandro Dolina a Radio 10.
Primero mando (editada, por espacio) una entrevista a Dolina realizada en la revista "Veintitres" por los periodistas Gonzalo Sánchez
y Agustina Rabaini. Después, alguna que otra opinión de quien escribe, muy a favor del Negro, como verán.
Mucha Suerte y gracias por todo.

PD: Ah! Mejoré algunas cositas del blog, espero que agraden. La imagen que abre la página no es otra que la constelación de Escorpio, en la que se destaca (con un halo de color rojizo) mi querida Antares, lugar desde donde me llega la inspiración para estas páginas (será una estrella con altos volúmenes gaseosos).


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–Veintitres: Es el comienzo de una nueva etapa.
–Dolina: Creo que sí. Pero no es un cambio catastrófico. Por empezar hay una modificación en el staff, hay una modificación en nuestros hábitos de tiempo que, en algún caso por casualidad y en otro por cálculo, me parece que le da al programa un contenido más variado, más ágil y más cuidado en lo que se refiere a la estructura de cada bloque. Me voy a explicar: nosotros tenemos que cumplir en nuestro programa horarios más estrictos con los noticieros, es una radio más ordenada. Esto al principio parecía una limitación molesta, pero finalmente causó el siguiente efecto: nosotros estamos conscientes de en qué momento del desarrollo conceptual o humorístico estamos.
–¿Esto quiere decir que después de un tiempo largo descubrió algo nuevo, algo que hasta ahora no había experimentado en radio?
–No tanto como eso. Estoy haciendo lo de antes.
–¿Pero usted cuánto cambió?
–Cambié, pero no catastróficamente. Yo no he cambiado por haberme cambiado de radio. Yo he cambiado en estos años.
–¿Por qué usa la expresión “catastróficamente”?
–Porque hay cambios que son cataclísmicos. Se produce una rajadura en la tierra, de golpe hay destrucción y nueva construcción. Ese es un cambio violento, drástico y decidido. Los cambios que se producen en este programa en general se perciben a lo largo del tiempo. Como casualmente aquí hubo un cambio de emisora que implicó también cierto cambio en el personal, por ahí hay algunas cosas que se notan más.
–Justamente, el cambio de emisora es lo puntual aquí porque la mudanza a Radio 10 generó muchos comentarios.
–Comentarios del mundo mediático, que parece haberse instalado de golpe en la fiscalía del universo. Los contenidos del programa son los mismos de siempre. Y yo he estado en muchas radios, ninguna de las cuales estaba gerenciada por la madre Teresa de Calcuta. Los empresarios son empresarios. Ustedes mismos trabajan para un empresario. Yo también trabajo para un empresario y eso no quiere decir que yo sea su socio o su compañero de conspiración. Lo único que yo he hecho en todas las radios es buscar una excelencia que no me ha sido gratuita. Yo podría ser mucho más próspero de lo que soy (levanta la voz) si hubiera aceptado cosas que los mismos medios que comentan mi cambio de radio no comentan de otros. Un tipo que ejerce la estupidez durante veinte años, en un medio cualquiera, sigue siendo un estúpido por más que lo haga en un medio políticamente correcto. Yo trato de huir de la estupidez y puedo decir que he estado durante muchos años en distintas radios tratando de hacer lo mejor que mi modestísima dotación puede. ¿Cómo se entiende que cada tipo que venga acá a mi casa me pregunte por Radio Diez? ¿Son todos santos y los de Radio Diez son todos ladrones? ¿Por qué no lo publican directamente en vez de hacer tanto eufemismo? Por qué no dicen: “¿Por qué está usted en una radio de fascistas?”. ¿Por qué no lo dicen? Porque no se atreven a decir en esos medios lo que ellos mismos piensan internamente. Y además le voy a decir una cosa: ¿sabe lo que es el fascismo? Es juzgar a la gente no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un grupo. Entonces cuando un tipo es judío, es negro o pertenece a una clase social que no es la que está en el poder, ese tipo es culpable aunque no haya cometido ningún delito o desliz. Eso es fascismo. Yo estoy trabajando en una radio que lo único que significa para mí es una frecuencia en el dial donde me pueden encontrar. Significa también mejores condiciones de trabajo. No más plata. Mejores condiciones de trabajo que las radios progresistas no me dieron nunca. Aprovecho para decirlo. Y significa también un mayor respeto al público porque salgo por una emisora que se escucha mejor, que recibe al público en un salón que le cuesta 20.000 pesos por mes y lo pagan. Lo pagan por respeto al público. No me la llevo yo esa plata, es un dinero que va destinado a atender mejor a la gente. Las radios progresistas atienden donde pueden tarde y mal.
–¿Radio Diez es una radio fascista?
–Si fuera una radio fascista yo no estaría allí. En todo caso, ¿qué es una radio fascista? ¿Una radio donde alguno de los conductores es fascista? No lo sé eso.
–¿Eduardo Feinmann qué es?
–Bueno, yo no lo escucho porque no forma parte, naturalmente, de mis santos. Pero tampoco soy su cómplice. Hablemos, si usted quiere, de otras radios.
–Pero en cuanto a la línea ideológica. Radio Diez tiene una línea ideológica, clara, concreta, particular…
–Una radio no tiene una línea ideológica, una radio no es un club ni un movimiento conspirativo que presuma una conducta homogénea de quienes participan. El que vende Coca Cola, vende Coca Cola, no es un agente del imperialismo yanqui. En todo caso, si es una radio fascista, allí estaremos nosotros para hacer antifascismo como lo hemos hecho siempre y para defender el pensamiento libre, el pensamiento crítico y la inteligencia. El que dude de eso, que escuche el programa, a ver de lo que hablamos.
–¿El público de Radio Diez es un desafío nuevo, diferente?
–No nos engañemos. El público es el de Dolina de siempre.
–¿Cree que el público de Dolina, en todo caso, acepta el cambio de radio?
–Algunos sí y otros no.
–¿Y eso cómo le cae?
–Me produce una gran perplejidad porque se supone que si, por un lado, son partidarios de la libertad de conciencia y, por otro lado, juzgan que resulta un acto fascista el poner el dial en un número determinado, eso me parece una superstición, por favor. La radio es un acto mecánico, es la selección de una onda. Después, que ellos comercialicen esto de un modo homogéneo está bien, pero no hay ninguna obligación de que yo tenga que compartir el ideario ni de Feinmann ni de ninguna de las personas que están o estaban en Radio Continental, en Radio Mitre, en la Rock & Pop, en ninguno de los otros lugares. Yo no estoy de acuerdo ni con estos tipos ni con ninguno de los otros. Y si yo tuviera que estar en una radio totalmente a mi gusto y adaptada a mi forma de pensar, la verdad es que tendría que comprarme una.
–Los periodistas a veces tenemos ese problema. Nunca estamos en concordancia con los dueños de…
–Yo tengo la suerte, que no tienen algunos periodistas, de poder hacer lo que me da la gana.
–¿Con Hadad cómo se lleva?
–Lo conozco a él, lo conocí, lo saludé y es un tipo muy correcto pero yo qué sé lo que hace.
–¿Hablaron alguna vez de las diferencias ideológicas que hay entre ustedes?
–No, en absoluto. Es más, la reunión que tuve fue muy protocolar. Yo hice mis arreglos con otras personas, no con él. Fue todo muy correcto. ¿Qué me va a decir? “Hágame el favor, defienda a la derecha.” No funcionan así las cosas, muchachos. Funcionan de un modo peor a veces. Hay medios que cacarean progresismo y que en realidad trabajan de un modo distinto y además tienen una conducta empresaria absolutamente canallesca.
–¿Su partida de Continental tiene que ver con eso?
–Mi partida de Continental tiene que ver con conflictos estrictamente laborales y no ideológicos. Yo nunca tuve ninguna instrucción en ningún aspecto.
–De todos modos estas situaciones de estar en terreno escabroso, minado, conflictivo…
–Yo creo que es mentira eso, no es un terreno conflictivo. A los medios les resulta interesante que esto parezca conflictivo. ¿Qué raro? Parece que todo el mundo puede cambiar de radio menos yo. ¿Por qué no le hacen la misma pregunta a Rolando Hanglin? ¿Por qué me la hacen diez veces a mí y ninguna a él? ¿Cuál es el asunto? Yo sé cuál es el asunto, pero no se los voy a decir. No quiero contribuir a aquello a lo que me estoy oponiendo.
–Está identificado como un referente del libre pensamiento, su público es progresista…
–Y lo soy.
–¿Usted se define como progresista?
–Si tuviera que definirme, lo aceptaría. Contestar esa pregunta es aceptar sus términos. Yo no me defino.
–¿Por que no le gusta que lo encasillen?
–No, el progresismo parece también, especialmente en la Argentina, un grupo de personas que tienen ideas supuestamente avanzadas en todo aquello que no toque ningún privilegio.
–¿Dónde se para ideológicamente entonces?
–Donde estuve siempre. Podría definirme como alguien que está cerca de las izquierdas pero también como alguien que comprende que la libertad es un punto que no se debería negociar. Y por lo general, cuando tenemos proyectos colectivos muy fuertes, aparece de algún modo lesionado el individuo. La experiencia, la historia de las izquierdas en estos últimos años obliga a un replanteo. Y yo creo que, como tantos que han creído a veces con cierta ingenuidad en algunos proyectos utópicos, que han creído en el socialismo, que han creído en la Argentina del peronismo, estamos en un momento en el que aquellos sueños no han sido reemplazados por otros. Pero si quieren que les diga en pocas palabras todo esto, les voy a decir que si bien soy un hombre de izquierdas y simpatizo con las causas más populares, me parece que las utopías nos conducen a veces por el rumbo incierto de los tomates. Como dice el pensador barcelonés Jorge Wasenberg, lo mejor son utopías pero que no duren dos mil años sino que puedan irse modificando conforme a las circunstancias históricas varias.

–¿Esto de tener que explicarse en esta radio es un camino difícil para usted?
–No. Esto no es más que la consecuencia de cierto grado de estupidez mediática.
–¿Qué es lo que más felicidad le da en este momento de su vida, en esta etapa?
–Yo diría que hay tres puntos: el amor, los afectos de los hijos y la inteligencia.
–¿Y el paso del tiempo?
–El paso del tiempo es lo que me impide gozar de las tres cosas que le acabo de nombrar.
–¿Le molesta?
–Me impide disfrutar cada segundo. Cada felicidad que vivimos es irrecuperable. Y más cuando uno llega a una edad en que ha perdido mucho. Que se han muerto algunos. Se han muerto muchos mayores, se han muerto maestros. Evidentemente comienza lo que uno llamaba el sentimiento trágico de la vida, que de todos modos yo lo tengo desde los quince años. No es una cuestión de edad. Pero con la edad, el paso del tiempo se hace patente. A los dieciocho años, uno es inmortal. Alguien tuvo la mala idea de obsesionarme con este asunto y entonces no pude disfrutar de la inmortalidad ni siquiera cuando lo era. Ahora que pasa el tiempo, el temor a la vejez tiene características de inminencia. Sin embargo, me parece a mí que esta finitud que tenemos, esta esclavitud del tiempo, es el precio que debemos pagar por el amor.

–Lo llevo a un tema del pasado que salta en el archivo: su apoyo a Ruckauf…
–Bueno, eso fue un error. Un error mío. Pero los que me criticaban también se equivocaron. Yo me equivoqué con Ruckauf, pero me parece que mucha más gente se equivocó y mucho más feo con De la Rúa, así que… todos nos equivocamos.
–¿Sus ideas entraron muchas veces en contradicción con estas cosas? Digo: Ruckauf, las radios, los medios de comunicación, las radios, en su época, los milicos.
–¿A qué se refiere?
–A haber hablado alguna vez con Ruckauf, a estar ahora…
–Déjense de joder. Yo trabajaba en la revista Humor cuando muchos de ustedes estaban escondidos debajo de la cama. Así que váyanse al carajo. Y qué me querés decir, yo nunca estuve cerca de nada. ¿Qué me querés decir? Fijate bien en los archivos. Por ahí encontrás de dónde vengo.
–En Radio El Mundo, cuando todavía estaba manos de la Marina, ¿es probable?
–No. Yo no trabajé durante la dictadura. Ese era otro, eh. En la dictadura trabajé pero en Humor, que no estaba intervenida por los militares. Ustedes son muy piolas para preguntar pero resulta que muchos de los tipos que me vienen a preguntar boludeces estaban escondidos debajo de la cama. Así que mi respuesta es váyase al carajo. Yo estoy harto de todo esto. Yo soy un tipo de lo más decente que puede encontrar y que me venga a preguntar si alguna vez estuve hablando con Ruckauf… ¡Dejate de joder! ¿Por qué no preguntás quién soy yo y cuántos amigos me mataron?
–No es nuestra intención ofenderlo. Estamos preguntando.
–Rechazo la pregunta y mi respuesta es váyase al carajo. Terminamos la nota. ¡Me venís a faltar el respeto! ¿Qué soy yo? Andá a la mierda, loco.
–Lamentamos que se pongas así.
–Pero cómo querés que me ponga, a mí me venís a decir, a mí que tengo muertos en la familia, me venís a decir: “¿Cómo sintió usted sus contactos con radios intervenidas por los milicos?”.
–Sólo se lo estamos preguntando…
–Lo estás preguntando mal. ¿Pero cómo no me voy a enojar? Toda la nota ha sido una demostración de fascismo y de intolerancia. A ver: ¿por qué mierda me cambié yo a la Radio diez? ¡Porque se me dio la gana!


Ahí está. Pasemos por alto alunos inconvenientes "técnicos" de los periodistas, como los datos no chequeados (el pequeño "desliz" de Radio El Mundo) y otras cositas. La verdad me parece injusto criticar a un artista o periodista (cualquiera sea el caso) por los pecados de quienes lo contratan. Lo más probable es que cada uno de nosotros tengamos un jefe o trabajemos en una empresa y no nos gustaría ser culpados o cargar con la responsabilidad de sus actos. Por trabajar para alguien, yo no aplaudo sus dichos, ni firmo sus palabras.

Alguno de los que critica a Dolina sigue escuchando el programa?
Eso es lo primero que deberían hacer para fundamentar una crítica como la de "vendido". Dolina no cambió. El programa sigue siendo tan “progre” (o lo que fuera) como antes. Tal cual.

Grandes pintores hicieron obras para gente muy reprobable, Papas y reyes incluidos, y no por eso dejamos de admirar sus obras. ¿Alguno de ustedes dejó de leer a Borges cuando se enteró que le tiró flores a Videla durante la dictadura? Si por el hecho de trabajar en una radio de Hadad eso significa que Dolina “transó” con la derecha, entonces hay que impugnar a todos los periodistas que trabajan en medios, que son de Telefónica, o de Clarín, o de Manzano, o de Spolsky o del Gobierno. Y de paso, a todos los artistas subvencionados. En todo caso (y siendo que el programa no cambió), me parece mucho más importante hacer progresismo dentro de una radio de fachos. Yo no se cuantos conductores de radio critican a otros conductores de la misma emisora (como hizo Dolina con Feinmann), pero no son muchos.

Yo me considero un tipo de izquierda, pero se que alguien es facho por el programa (en este caso) que hace y no por el medio en que trabaja. Vamos, que el medio NO es el mensaje!!! Escuchen el programa. Si de verdad piensan que ahora Dolina habla desde la derecha, les doy la razón. Pero no creo que puedan.


PD: Me parece de cagón sacar la nota en tapa... sepan disculpar.

lunes, 7 de enero de 2008

Los Reyes Magos - Creer o reventar


Pasaron los Reyes Magos y dejaron un comentario más en Ecos desde Antares. Como siempre, se agradecerá cualquier tipo de comentario.

Para todos los que han cuidado su comportamiento durante el año pensando en el posible regalo de los Reyes, va dedicado este comentario. Sobre todo, para aquellos que esperando mucho, recibieron muy poco.
Sepan amigos, que solo los malvados saben que no recibirán nada y critican las esperanzas de los benevolentes, que nunca están seguros si su buen comportamiento alcanzó para algo.


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¿Cómo es la historia clásica de los Reyes Magos? Dice que cuando nació Jesús, en Belén, llegaron desde el Oriente a Jerusalén (gobernaba Erodes) unos magos que preguntaron donde estaba el rey que acababa de nacer. Dijeron que en medio de su viaje, habían visto una estrella que marcaba su nacimiento y los guió hasta allí. Llegaban para adorar al nuevo poderoso.

Comenzó entonces, la investigación de los “Refutadotes de Leyendas” que dura hasta hoy, desarrollada probablemente en Nacional Geographic. ¿Se había visto una estrella? ¿Dónde, cómo, cuándo?


Las estrellas, como se sabe, duran centenares de millones de años. Pero hay algunas que son muy grandes, super-estrellas, que pueden alcanzar (como para tener una idea) diez veces el tamaño del sol. Dentro de la constelación de Orión, por ejemplo, está Betelgeuse, cuyo diámetro varía de los 419 a los 580 millones de kilómetros, lo que la convierte en una de las estrellas más grandes que se pueden observar. Si Betelgeuse estuviera situada en el centro de nuestro Sistema Solar, su radio incluiría las órbitas de Mercurio, Venus y la Tierra. Estas estrellas, no mueren despacio como otras de segundo orden (la vida mínima puede ser de tres millones de años, la máxima de 50. De hecho, el color rojizo de Betelgeuse muestra que ha agotado ya la mayor parte del combustible nuclear que le proporciona su energía por lo que se encuentra al final de su vida). Muy rápidamente, gastan toda su energía, colapsan y se convierten en una Super Nova. En el milenio que terminó hace poco (o mucho), se alcanzaron a registrar cuatro nacimientos de Super Novas.


¿A que viene todo esto? Es que es muy posible, que los Reyes Magos hayan visto una Nova. Hubo una detectada y registrada en el año 11 antes de Cristo y si se tiene en cuenta los estudios que marcan que el cálculo de su nacimiento está mal hecho (dicen que Jesús podría haber nacido algunos años antes de lo que creemos), podría avalarse esta teoría.

Los cientificistas estarán saltando en una pata. Tranquilamente alguien podría comentarles que la divinidad creo una Nova para marcar el nacimiento del Rey. Yo no creo. Más bien me parece los dos acontecimientos ya estaban previstos y estaban previstos para el mismo día. Ya se sabía que una estrella iba a explotar el mismo día del nacimiento de Cristo, el mismo día que los Reyes iban a estar de viaje, etc. En este sentido, prefiero seguir la creencia islámica, en la cual el milagro en sí, no es necesario. En un argumento de sencillez notable, para el Islam el milagro no es necesario puesto que la divinidad, para ser tal, debe ser perfecta y no necesita de milagro alguno. Es más, el milagrero suele estar mal visto porque viene a “develar” un plan que de todos modos ya estaba en marcha y no necesitaba de él (algún día haré una charla de esto). La cadena causal de acontecimientos ya estaba creada de antemano y no se necesitaban “milagros” o “modificaciones” de última hora.


Volvemos. Erodes se asustó y juntó a todos los sabios para preguntarles donde podía ser el nacimiento. Todos le dijeron Belén. Habló con los Reyes y les encomendó la tarea de “averiguar” que pasaba con ese supuesto Rey. En realidad, quería liquidarlo.
Pero los Magos, que no eran giles y además tenían ayuda, fueron advertidos en sueños de estos planes y no volvieron a Jerusalén. Después de entregar oro, incienso y mirra a Jesús, regresaron a Oriente pero por otro camino, lejos del poder de Erodes.


Algunos no creen. No ponen zapatos ni pasto en algún rincón de la casa. Opinan, siguiendo a Freud, que no hay que alimentar las ilusiones en los niños para defraudarlos luego. Repito una serie de preguntas que le escuché a Dolina una vez “¿Qué hay que hacer entones con las ilusiones? ¿Dejarlas morir de inanición? ¿En que momento empieza el entrenamiento del niño en lo que es la ‘vida real’? ¿Al año, a los dos años? ¿Cuándo empezamos a dejarlos solos merced a que eso es lo que les va a pasar en la vida? ¿Estos padres que no alimentan mitos y leyendas son los mismos que después no se animan a hablar con sus hijos sobre sexo?”

Las personas que niegan ilusiones, risas, fantasías y leyendas solo porque después la vida cruel las refutará, me parecen totalmente equivocadas. Justamente, porque en la vida no se van a encontrar todas esas cosas, es por lo que hay que alimentarlas. ¿Qué necesidad hay de desengañarse? ¿Por qué esa obsesión por la verdad policial en cuestiones de afectos? Desde luego uno no puede vivir solo de fantasías, pero se me hace infinitamente cruel subsistir sin ellas.

Es más. Me animaría a decir que esta conducta va en contra de la naturaleza humana. Creo que todos, incluso los más incrédulos, piden un deseo cuando soplan las velas de la torta de cumpleaños o se esfuerzan para atrapar un panadero en medio de una calle desierta y cuando nadie puede verlos. Pero se les ha enseñado a olvidar para no sentir dolor y a refutar para no ser desengañados.

El desengaño me parece un precio justo a pagar, a cambio de creer y fantasear. Es mucho mejor eso, que la banalidad de los modernos hijos del diván.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Construcciones - París y yo

Hola. Saludos navideños!! Aprovecho un minuto antes de que comience el maratón de comida y parientes como para mandar un texto más. Espero que lo disfruten. Muchas felicidades!!!


Sergio.


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Este comentario va a tener un salto algo violento, del que me disculpo. Es sobre construcciones y viajaré de una netamente física, la de la ciudad de París, para terminar en una más filosófica e individual.

Apenas asumió, Napoleón III ordenó comenzar las obras para una reconstrucción gigantesca de la ciudad de París. La tarea le fue encargada a un urbanista, el barón de Osman, que llevó a cabo el mayor proyecto de renovación urbana de los tiempos modernos, basado en un motivo claro, explícito y muy poco romántico: la represión del movimiento de masas. Las líneas básicas de la nueva ciudad las dibujó el propio Napoleón III y a Osman, al poco tiempo de comenzar su trabajo, le pusieron el mote de “el perfecto demoledor”: demolió tres cuartas partes de la antigua ciudad.

Esto marca una primera decepción: la París medieval y renacentista que uno supone, ya no existe. La elegancia que dejó Osman vino con el precio de arrancar otras elegancias mucho más antiguas. Cualquier idea que uno se haga de las “grandes” obras que conserva París, deberá replantear la fecha o la veracidad de esos monumentos (que de todos modos son grandiosos, cabe aclarar). Procuró conectar el centro de la ciudad con los barrios satélites. Se realizaron millones de nuevas fachadas, calles rectas (a medida) y más anchas para permitir el movimiento de dos carros de asalto en paralelo que le permitiría a la milicia disparar hacia ambos dos lados de la calle y todo se reedificó con un nuevo material, característico más tarde de la torre Eiffel: hierro. Se construyeron los grandes bloques de edificios que duran hasta hoy y le dan una uniformidad de altura a toda la ciudad, uno de los grandes sufrimientos de nuestra Buenos Aires, donde nunca hubo una sola idea fija o rectora de cómo construir.
Además, el barón quiso dividir barrios pobres de los más acomodados con bulevares por lo que discurría el tráfico: un muro de vehículos.


Se dividió la ciudad en tres redes: la primera formada por el laberinto de calles que formaban la ciudad medieval (lo poco que se conservó). Allí se derribaron edificios y se trazaron calles a los costados del Sena, porque hasta ese momento no tenía una costanera. La segunda era la red de calles que unían la ciudad con la periferia (lo que Osman denominaba las “venas de París” y la tercera (la más amorfa), formada por las calles que comunicaban las principales vías de la ciudad con las redes 1 y 2. En síntesis, se diseñó todo para “sacar” gente del centro.


La belleza de París no es gratuita y es bastante más nueva de lo que pensamos. Pero es una belleza al fin, producto de un plan desconocido pero ejecutado a la perfección. Los fines fueron algo macabros, pero el resultado y aquí lo increíble, no perdió el don de lo hermoso. Rompieron todo, es cierto, pero dejaron en su lugar otras obras maravillosas.




Otro pequeño caso de una construcción muy curiosa. Algunos dicen (las teorías teológicas difieren) que una vez asesinado por Caín, el alma de Abel escapó de su cuerpo, pero no pudo hallar refugio en el cielo, donde ninguna otra alma había ascendido todavía (también el infierno estaba vacío). El motivo era muy sencillo: ninguno estaba terminado. Las instalaciones celestiales e infernales todavía no eran apropiadas como para recibir gente. Lo estaban haciendo!!. Estaba en construcción!!! El alma de Abel vagó por la tierra mucho tiempo, hasta que finalmente logró la ascensión.

Me gustó mucho esta idea de grandes lugares en construcción porque “humaniza” algo que nos es bastante ajeno. Las grandes obras arquitectónicas del ser humano siempre nos dejan con la pregunta de cómo se habrán hecho. Es algo lejano, incomprensible y dimensiones demasiado monstruosas como para imaginarlo. Y también es interesante y divertido pensar en una burocracia celestial que todavía no le había depositado el cheque a los obreros.


Y digo que humaniza el tema porque creo que la vida es una eterna construcción. Todo está en construcción: incuso nosotros mismos. Después de todo “las cosas no son cosas, son procesos” (debo claramente la fuente de esta cita. Creo que fue Popper).

Somos obras en construcción y nunca estamos terminados. Un día podemos tener grandes enredaderas cubriendo una fachada descuidada y otro podemos deslumbrar con un frente recién pintado. Pude notarse cuando se agrega una habitación de un estilo que no pega con el anterior, como baja la calidad de los materiales o como en ciertos casos, se trata de una edificación uniforme, pareja y estilísticamente prolija.

De cualquier manera, algo siempre se está construyendo. En París y en uno mismo…

jueves, 6 de diciembre de 2007

Inmortalidad - Un problema de gestión y administración

Buenas, buenas. Solucionados los incontables problemas técnicos sale una actualización con un nuevo texto, esta vez sobre Inmortales. Muchas gracias a todos los que le dedicaron unos momentos a Ecos desde Antares y desde luego, se agradecerán y contestarán los comentarios que dejen. Sobre este texto o sobre cualquiera de los otros anteriormente publicados.

Muchas Gracias.

Sergio.


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Empiezo con una historia. En el momento de la pasión del Cristo, mientras cargaba la cruz, recorriendo el camino del calvario, pasa por la tienda de un artesano (zapatero). El soldado que viene vigilando todo el asunto, dispuesto a detener la marcha aunque sea por un instante, le pregunta al artesano si no le da a Cristo un vaso con agua. Pero, de muy mala gana, se lo niega. El hombre de la cruz le dice entonces: “yo ando porque debo morir. Y tu hasta mi vuelta andarás sin morir”. Este es el comienzo de la famosa leyenda del judío errante.



Si bien se mira, se trata de una maldición. Cristo lo maldice a ser inmortal hasta su propio advenimiento. Y todavía andará por ahí este personaje, condenado a no morir. Esta historia se utiliza generalmente como una duda filosófica. ¿Hasta que punto conviene no morirse? ¿Hasta que punto nuestra vida se basa en el conocimiento de que algún día habremos de morir?



El mito de los Vampiros tiene como punto central de su construcción, el anhelo de inmortalidad. Y todas las desventajas e inconvenientes que debe sufrir ese vampiro son precisamente un juego en esta dualidad. Se les da la inmortalidad, pero al costo de sufrirla.


Este precio que aparentemente se debe pagar por ser eterno, me hace acordar mucho a los castigos del infierno griego. En la antigüedad griega, el Ades se caracterizó por ser un lugar apenas peor que el paraíso. Sus castigos no eran tremendos, pero tenían quizá el único inconveniente de ser eternos. Las Danaides (50 hermanas condenadas por matar a sus esposos), deben llenar unos toneles que no tienen fondo. También está Tántalo que anda metido en un arroyo con el agua hasta el pecho. Cuelgan sobre él unas ramas con frutos, pero cuando pretende tomar uno, la rama sube. Y cuando quiere tomar agua, el agua baja. Y nunca puede alcanzar ninguno.

Como dijo Dolina “si me condenaran esto por dos horas, no me importaría. Total después voy y como un pancho”. Pero el problema es que el castigo es eterno.

Con los vampiros es igual. Comen (o toman para el caso), pero nunca logran saciarse. Siente pasiones profundas y al mismo tiempo se autoincriminan su banalidad. Nada los satisface y deben vivir con esa sensación de “asunto incompleto” por miles de años.


Una manera indirecta de vivir para siempre, es reencarnar. Y me gustaría aclarar algunos temas. Ya se ha dicho muchas veces, que cada vez que alguna persona se entera de su vida pesada, siempre se trata alguien famoso. Nunca un don nadie. Pero además, quiero agregar que la Ley de Malthus, así como muchas otras, no ayuda a la teoría de la reencarnación. Si el crecimiento de la población es una progresión geométrica, pues algunos de los que hoy estamos supuestamente reencarnados no tenemos a nadie de quien haber reencarnado. La población mundial en la época de Cristo era 250 millones. Hoy andaremos por seis mil millones…..no alcanzan las almas de aquel entonces! Supongo que primero se es planta, después algún otro animal y finalmente hombre. Pero ¿y después? ¿Se vuelve a ser un helecho?



Terry Pratchett cuenta en “Mort” la historia de un monje que podría
reencarnarse, y, como todos los demás reencarnados, no sabía que había tenido una existencia anterior. Pero que sí lo sabía o que tomaba conciencia de su condición de inmortal, en los pocos minutos que le llevaba abandonar el cuerpo moribundo y ocupar el de un recién nacido. En ese corto pasaje de tiempo, se sentía frustrado y desesperado por saber que iba a vivir otra vez, pero no iba a conservar la sabiduría adquirida. Aquí, nuevamente, tenemos un sufrimiento eterno: entender solo por unos pocos segundos, que tu condición de inmortal te será desconocida el resto del tiempo.


Finalmente, otra historias de los griegos. Clito, un mortal común y corriente, recibió el amor de la aurora Eos. Y ella, para compartir la eternidad con su amante, le gestionó ante los dioses la inmortalidad. Pero, pequeño detalle, se olvidó de pedir, además, la eterna juventud. Clito fue, efectivamente, un inmortal, pero no paró de envejecer y al final, apenas si se lo podía distinguir de una zarigüeya.


Creo que conviene gestionar muy bien estas cosas. El deseo ineludible de ser inmortal y escaparle a la muerte solo sirve si los días que vendrán (muchos) nos deparan un destino más o menos feliz. Sería muy triste lograr acceder a la eternidad para descubrir después que no era lo que en realidad queríamos.

Y una cosa más. Antes de renacer, conviene saber muy bien que fue lo que causó nuestra muerte en primer lugar…

martes, 20 de noviembre de 2007

Ultimas Palabras – Un género en decadencia (en todo sentido)

Bueno mando al éter un nuevo comentario. Muchas gracias a todos los lectores y espero que sigan ahí. Este texto es, en cuanto a su estructura, un poco distinto. Espero que les guste.

PD: Las fotos corresponden a la ejecución de Jacques de Molay, Lord Byron y Karl Marx.

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Extraño género literario (aunque quizá tenga más que ver con la oratoria) el de las últimas palabras. Es distinto a todos los demás por las siguientes características: solo se tiene una oportunidad para hacerlo bien, es imprescindible la presencia de testigos y conviene utilizar un estilo solemne . Además, hay que tener la gran suerte de saber el momento exacto en uno va a abandonar este mundo, algo ya muy complicado. Pero de estas cosas (y de otras), voy a volver más adelante. Primero, les dejo algunas frases de personajes históricos. Algunas interesantes, otras pintorescas.

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  • "Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!... A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año...".
Jacques de Molay




Las palabras del último maestre de la Orden del Temple, mientras era quemado en la hoguera. Lo curioso del caso es que la maldición de De Molay se cumplió. A los treinta y tres días de la ejecución, moría el Papa (Clemente V) en el castillo de Roquemaure, posiblemente envenenado. El rey (Felipe IV de Francia), nueve meses después de la pira de Paris, fallecía misteriosamente mientras cazaba. Muchos pensaron en la maldición de Molay y otros sospecharon de un brazo ejecutor de carne y hueso.





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  • "Pardonnez-moi, monsieur” (Discúlpeme señor)

María Antonieta.

Cuando se aproximaba a la guillotina, condenada a ser decapitada, tropezó accidentalmente con el pie del verdugo. Y los modales van primero... En una situación similar, Ana Bolena (ex esposa de Enrique VIII), le dijo al ejecutor: "No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino".

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  • "Yo soy el conde Drácula, el rey de los vampiros, soy inmortal''.

Bela Lugosi.

Para poder comentar esta frase me gustaría haber visto los gestos de su protagonista. Si gesticuló de manera exagerada como lo haría un mal actor, me produciría gracia y tristeza. Si lo hizo como un último deseo desesperado, me generaría compasión y… tristeza.

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  • “¿En serio nadie la entiende?”.

James Joyce

El escritor irlandés quedó preocupado por que la crítica calificó de incomprensible su novela “Finnegans Wake”. Es una constante: el último pensamiento de un artista está dedicado a su obra, como herramienta hacia la inmortalidad.

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  • "Ahora me voy a dormir. Buenas noches”

Lord Byron

Ahora, esta es una de las pocas en las que creo. Esas son palabras dignas!


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  • "Es todo tan aburrido”

Winston Churchill

Otra de las que me parecen comprensibles. Una sinceridad que apabulló el momento de grandeza que otros hubieran pretendido. De todos modos hay una cierta aceptación que no comparto.

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  • "Levántame, quiero cagar”

Walt Whitman

Que cosa! Una vida dedicada a la poesía….

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Las últimas palabras de Albert Einstein no se conocerán nunca. Confundiendo
las sonoridades de su noble alemán con un vulgar borboteo, una despistada enfermera norteamericana (que no sabía alemán) prefirió ignorar sus últimas palabras.
Se cuenta que Marx le dijo a una mucama cuando estaba por morir: “las últimas palabras son para los tontos que en la vida no han dicho lo suficiente”. Pero esa misma frase le es atribuida a Engels. Así que, ya empiezo a dudar.



En todo caso yo dudo de todas las últimas palabras. No solo porque sean incorrectas o innecesarias: concretamente no creo que alguna vez hayan sido pronunciadas.
Creo que la gente necesita que sus muertos se despidan, pero que además lo hagan con cierta solemnidad. Necesitamos que el último recuerdo de esas personas sea grato para que pensar en nuestra propia muerte no nos desespere y se nos haga más llevadero.

Pero el final de una vida, lamentablemente, pocas veces llega de manera tan placentera como para poder pronunciar frases graciosas. Si uno estuviera tan lúcido como para enunciar palabras felices, probablemente no se moriría.
Un moribundo es un ser que esta grandes problemas incluso en sus pensamientos. Muchas personas que estuvieran cerca de la muerte contaron después, que veían los mejores momentos de su vida, los más placenteros y los de mayor paz. Me llamó la atención la explicación que dan los científicos sobre este fenómeno: es el propio cerebro el que, entendiendo que el final esta cerca, manda esas imágenes para “tranquilizar” la conciencia del sujeto. Que se recurre a esas imágenes para aceptar con calma lo inevitable. Una “anestesia” mental para un alma en pena.



La última vez que visité a mi abuela en el hospital, ella me abrazó, me miró fijamente durante un minuto interminable y cuando yo mismo estaba por decir algo porque no podía aguantar más, me sonrió y cerró los ojos. Nada más. Al día siguiente, falleció.

Creo en esa sonrisa mucho más que en mil palabras.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Hybris – Los límites del vicio y la libertad de prohibir

Hola! Sale el tercer comentario. Una vez más, agradezco a todos los visitantes de la página y espero leer sus comentarios. Una saludo muy grande a todos.

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En la vida diaria de una persona, son muy pocas las ocasiones en que la razón es relegada y las acciones se realizan considerando otros aspectos. Nos gusta creer que no es así, que son millones las veces que elegimos con el corazón, usando los sentimientos, pero en realidad (y por suerte) son muy pocas. Una de ellas responde a los vicio o los excesos. ¿Que nos mueve a excedernos en algo, cuando sabemos que no deberíamos?

En la antigua Grecia, se andaban con mucho cuidado de cometer excesos. Actuaban, pensaban, opinaban, vivían y morían con todo tipo de precauciones para no pasarse de la raya. Y tenían una palabra clave para designar esta actitud: Hybris.

La hybris alude a un orgullo o confianza exagerada en uno mismo, resultando a menudo en un merecido castigo. Una falta de control sobre los propios impulsos. Bertrand Russell decía que la sabiduría convencional griega había sido siempre sabiduría de los límites. Por ejemplo: la innovación política debía respetar la costumbre; la discusión moral debía respetar la tradición, la religión debía continuar con los usos del pasado y el conocimiento no debía profanar a los dioses. La violación de estar normas era la hybris: desmesura y tentación de lo absoluto.


Desde luego los griegos fueron tan innovadores por haberse opuesto un poco a esta normativa, pero no obstante, vivían pendientes de ella. La mitología griega esta repleta de giros dramáticos concernientes a la hybris. Cuando un relato se topa con la frase “era tan hermosa que…” o “su fuerza era incomparable”, ya sabemos que algo malo va a pasar. Porque ser tan hermosa o tan fuerte era una demasía que de una manera o de otra, iba a ser castigada, sobre todo si los bellos y fuertes protagonistas alardeaban de su condición. Claramente, había en los griegos un desprecio por la desmesura. Por el mismo motivo, no toleraban los vicios: morir borracho era una ofensa no por el hecho de tomar, sino por haberse excedido y perder el control. Ese control era, para ellos, un motor fundamental en la vida de las personas.



En psicología se indica que en la desmesura hay una vuelta a la perversión porque termina transformando lo que es el “placer” en “goce”, una etapa que está más allá del placer mismo y se vuelve totalmente perjudicial ya que pone en riesgo la vida en cuanto nos aleja del deseo y nos acerca al dolor. Como en los griegos (vamos, que no solo usaron a Edipo como base de sus teorías) aparece un castigo por haber cometido una desmesura. No se si prefiero un rayo de Zeus o la tarifa de otra consulta.

A ver si coinciden conmigo. Un exceso o vicio consiste en un “olvido conciente” de nuestra propia mortalidad. Racionalmente, es inapropiado: un vicio acorta nuestra vida en la tierra y daña la calidad de la misma. Pero ¿y qué? Si de todos modos no podemos controlar la muerte, más vale olvidar todo el asunto y hacer lo que uno quiere ahora mismo. Hasta acá, todo bien.

El problema está en que no solo la muerte escapa de nuestro control. De hecho, no podemos controlar casi nada. Y me gusta pensar que las pocas, poquísimas cosas que si manejamos, es la capacidad de poner límites. Vamos a usar una metáfora: un señor está mirando un partido de ajedrez y no conoce las reglas, pero por los movimientos, puede ir conjeturándolas. ¿Cómo las entiende? Porque esas reglas “definen” un partido de ajedrez no por lo que permiten hacer, sino por lo que prohíben hacer. Hay muchos partidos posibles dentro de las reglas del ajedrez, pero ninguno en el que el peón retrocede casilleros o la torre se mueve en diagonal. Quiere decir que lo que existe, existe gracias a las prohibiciones y a las imposiciones (límites).




El derecho es igual. No existen leyes (o mandamientos para el caso) permitiendo cosas, sino prohibiendo e imponiendo cosas. Prohiben matar a alguién, no permiten "dejar vivo" a ese alguien.






Que quiero decir con esto? Que el control sobre nuestra vida reside en los límites que nos imponemos y en las prohibiciones que establecemos para nosotros mismos. Ahí está el poder sobre la propia existencia: delimitar el campo por el que transcurrirá la vida. Siempre hay algo que no voy a hacer, algo que no voy a permitir que me hagan. Marcar ese punto del que no quiero avanzar no coarta mi libertad; no me dice como tengo que vivir, sino hasta donde puedo/quiero llegar.

El vicio, el exceso, la demasía, quitan ese control. Eliminan la capacidad de prohibición de una persona: no solo se borran los límites autoimpuestos: se pierde el poder de decisión para dibujar esos límites. Y en definitiva, como pensaban los griegos (y por eso le tenían tanto miedo) los excesos convierten en esclavo al protagonista, que ya no puede definirse en nada, ni siquiera en su propio punto de quiebre.

En este mundo de locura, apuesto a tener el mayor control posible sobre mi mismo, mis límites y mis decisiones. ¿Qué más me queda? Y si alguna ves la pifio (como ya pasó, pasa y seguro pasará), lo mínimo que puedo hacer es no alegar “delirium tremens”.



martes, 6 de noviembre de 2007

Ouroboros- El tiempo de los procesos y los procesos en el tiempo

Ahora si, después de algunos inconvenientes técnicos (no funcionaba Internet), mando el comentario. Muchas gracias a todos los que comentaron (la banda del rol) y a los que se tomaron el tiempo de leer el texto anterior. Un favor más: pasen la dirección a todos aquellos que puedan interesarse en algo como esto. Saludos y nos leemos en una semana.

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Pocos símbolos viajan desde los desiertos de Egipto hasta las rocosas costas de Grecia y desde las pirámides aztecas en México hasta los campos de arroz en China. El “Ouroboros” es una magnifico ejemplo de emblema intercultural: está presente (a veces simultáneamente) en las culturas antes mencionadas y en muchas otras. Ese fue el motivo por el que llamó mi atención en una primera instancia.



Ouroboros es la serpiente (a veces un gusano, otras un dragón) que devora continuamente su propia cola. En el primer acercamiento a su significado se destacan dos elementos: circularidad y relatividad. El símbolo resalta la naturaleza cíclica de todas las cosas, tanto materiales como emocionales. El principio de algo es al mismo tiempo su final y ese final marca el comienzo de otra cosa. Y al ser todo pasajero (el tiempo juega un rol primordial en la definición), ese todo es relativo. Desde el punto de vista de la creación y la destrucción, también juega con los conceptos de muerte (suicidio) y nacimiento, aunque de manera más tangencial.


Muchos comparan este símbolo con el Ying-Yang. Creo que es un grave error. El Ying-Yang tiene una carga moral mucho mayor: representa (o representó en un comienzo antes de ser absorbido por el new age) la esperanza del bien dentro del mal y la inseparable presencia del mal dentro del bien. Pero en el Ouroboros, bien y mal son inaplicables: los ciclos del tiempo, la muerte, la vida, los procesos terminados y los que están por comenzar, rara vez tienen que ver con los mecanismos de la justicia o los merecimientos. Hay un carácter de inevitable en su eterno movimiento giratorio, que no conoce de premios ni castigos.



Por lo tanto, se trata de un imperativo. No importa lo mucho que deseemos la eternidad de un momento, la extensión infinita de una sensación acogedora, siempre vamos a ser testigos cabizbajos de su terminación. Pero, por otra parte, también es un símbolo de esperanza. Porque la pesadumbre y el desprecio de hoy serán abordados por nuevos y renovados placeres sorpresivos que hasta hace un rato, parecían improbables.

Pero después de leer muchas definiciones del tema, por fin llegué a donde quería, al verdadero mensaje que me transmite este símbolo: no sacar conclusiones definitivas ni esperar mucho de las cosas buenas y malas. Creo que los mayores momentos de inteligencia y sabiduría de una persona no tienen que ver con sus reacciones ante lo maravilloso y lo terrible, sino con su reacción ante el cambio mismo. Si las cosas buenas y malas van a ir y venir, lo que nos hace únicos es como respondemos ante esa plena conciencia de que todo termina y todo vuelve a empezar. Frente a la tremenda velocidad a la que ocurren las cosas, la propia sensibilidad ante el cambio es el único punto de referencia fijo.


Me es imposible detener la muerte de algo y no puedo evitar el nacimiento de otra cosa. Pero el proceso me cambió y ya no soy el mismo: esa maduración (no en el sentido de evolución, sino en el de modificación), es lo único que permite un anclaje en la incontrolable corriente del tiempo.



Ante lo desafortunado, vamos a reaccionar mal. Y ante lo sobresaliente, vamos a reaccionar bien. No inventamos nada con eso. El tema es saber como queda nuestro carácter cuando una persona amada se va o como queda nuestra humildad cuando de repente nos convertimos en millonarios.


Y hablando de esperanzas, les dejo un planteo: si todo lo que empieza tiene que terminar, pues la muerte (como proceso en si mismo) tiene que terminar.

¿Y entonces?........