martes, 2 de septiembre de 2008

Emergencias - Que hacer cuando se te pincha el rígido (de la PC)

El título no es joda ni mucho menos metafórico. Se murió el rígido de la PC y perdí las entradas que estaba preparando (un gran total de tres) así que mientras las empiezo a hacer de nuevo, mando unas lindas citas de Alejandro Dolina, programas viejos de 1989 y 1991. Especial atención a la segunda parte y al concepto de "Inexistencia Beligerante".
No puedo evitar pensar que las líneas que perdí eran las mejores que escribí alguna vez, pero probablemente sea una percepción equivocada...............¿o no?

Bueno muchos saludos, comenten y nos vemos.

Sergio.

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En todos los cursos, propuestas de esos “métodos para triunfar”, “maneras de alcanzar la buena fortuna” y “progresar en la vida”, algunos de los cuales tienen que ver, peligrosamente, con ciertas religiones, lo que la gente pide es progresar en los negocios.

En cierto momento de esos libros o cursos, se enumeran los problemas que un hombre puede tener y que deben ser solucionados y son todos el mismo problema: acaso sus ventas no son suficientes? Su negocio anda mal? Anda mal en su trabajo? No se lleva bien con el jefe? Sus clientes le rehuyen?....son todos el mismo problema. Nunca se enferma un hermano, nunca nadie se enamora, nadie se muere, nadie tiene un problema artístico. Solo hay quines venden y quienes no.

Testimonio: “Compré las ‘llaves de la fortuna’ y gane en el casino”…….. “Salí de pobre gracias al ‘hunguento de la buena suerte’”………….”Recibí una herencia inesperada de un abuelo en Holanda luego de comprar ‘el buda de a felicidad’” La muerte de un hombre no es un problema, sino una solución. Mire que suerte que tiene: se compró el amuleto y se le murió el abuelo dos días después…extraordinario.

Y cuando se refieren al amor, se refieren a algo horroroso. La idea de que uno puede superponer su voluntad a los demás. Venden “perfumes” con “feromonas” para imponer una voluntad que el otro no tiene. Esto ya es criminal. ¿Por qué no le da directamente una patada y la obliga a hacer lo que usted quiere?

Ninguno, nunca, jamás, dice “usted, con esto, va a ser un tipo mejor”. Estoy esperando un talismán que diga “Con esto usted va a ser más decente”. Mire, le doy el título: “Compre el Peludo del doctor Grossman” Con este producto empezará a ser más decente, más estudioso, más noble. Y a los pocos días, le empezará a ir horrible.

Le va a ir muy mal. Si dice la verdad, si encuentra guita en la calle y la devuelve, si no transa, si trata de no pisarle la cabeza al otro con tal de ganar ¿Cómo le va a ir?...mal!

Imagínese el afiche “Todos los sueños que usted tuvo no se le cumplirán en la perra vida gracias al ‘Peludo del doctor Grossman’”

“Testimonios: Yo era vendedor de autos usados. Un día compré el Peludo y al otro día, me hice músico de jazz. Ahora me comen los piojos”.

Otro: “Yo engrupía a las gilas y vivía de las minas. Me hacía pagar todo de arriba y me iba fenómeno. Un día me compré el peludo del doctor Grossman y todo cambió. Me enamoré de una muchacha, le di mi corazón, le fui fiel…..y aquí me ve”.

¿Y que gana con todo esto? se preguntará. Bueno, el que compra el peludo, compra también una doctrina, según la cual es mejor perder con los amigos antes que ganar junto a los indeseables. Y en un universo donde ganan los malos, a lo mejor uno prefiere perder. Y hay algo mucho mejor. Imagínese que un día entre los días, con Peludo y todo, usted gana. Casi seguro que no pase y que siempre pierda. Pero imagínese que un día gane. Será algo fantástico, mucho mejor que haber ganado arruinando al otro o esperando que alguien se muera.

Yo quisiera poder preferir perder toda la vida y cuando me toque mojar una, saber que la gané con el Peludo. Arrastrando el peso de lo que creo que está bien.


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LUEGO DE LEER UN INFORME DE MERCADO DONDE SE HACIAN PREGUNTAS SOBRE TENDENCIAS DE CONSUMO Y DABAN DOS RESPUESTAS POSIBLES: A O B.

Lamento decirle que su universo es muy restringido porque usted conoce a dos giles, llamado A o B. Esto lo que a uno le hace sentirse un extraño en este mundo. Descubrir que uno no es A o B. Darse cuenta que uno no quiere estar en ese rango, es una garantía de alienación. Porque en este mundo si no sos A o B no figurás en las 40 del maso. No existís. Eso es lo que tenés que hacer para existir. Las modas, lo pasajero, lo banal, lo carente de significado, lo que compres y como te vendas.

Bueno en este contexto, es interesante plantearse la posibilidad de no existir. Viendo quienes son los que existen, puede extraerse una noción del precio de lo que existir presupone. Analizando este precio y la conducta que hay que adoptar para esa existencia, habría que, repito, analizar seriamente resignarse a la inexistencia.

No ser ni A ni B. No ser ni nadie, ni nada. No ser tenido en cuenta por este mundo que nos toca. Les advierto que la inexistencia es muy dura, pero también les digo que es mucho peor existir teniendo que pagar ciertos precios.

Llamo y convoco a una inexistencia beligerante. En beligerancia con un universo en donde solo existen los que transan, los que se aceptan la opinión general y la postura de los estúpidos que los rodean como camino rápido al éxito…….Pues inexistamos.

Si me venís a buscar, no estoy. No existo. No me busques. Yo que vengo inexistiendo desde hace tiempo y que fui tentado por la existencia, si de algo estoy orgulloso es de la dosis de inexistencia que me toca.

domingo, 3 de agosto de 2008

Un llamado a los estúpidos

Pasó un tiempo largo (que sabrán agradecer) desde el último comentario. Intentaré garabatear algunas cosas más pronto. El de hoy es un tanto diferente a los anteriores y me gustarían saber que opinan al respecto. Comenten si pueden.

Un saludo grande.

Sergio.


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A CONTINUACIÓN, UN COMENTARIO ESTÚPIDO. PELIGRO DE DESENGAÑO.


En medio de mi micro-clima general de pérdida de paciencia, voy a hacer un pedido al mundo en general.

Quiero decir que siempre son preferibles los desengaños tempranos por sobre los tardíos. Con esto empiezo. Me parece importante aclarar que ante la inevitable presencia de los desilusiones, siempre, siempre son mejores aquellas que ocurren…digamos…a las dos horas. A diferencia, desde luego, de las que suceden después de 20 años. Porque durante esos 20 años, uno se involucra, teje lazos de afecto o lo que sea que después hacen todo el asunto más complicado y terrible.

Es preferible también la traición temprana. Conviene que nos traicionen a los 10 minutos o inmediatamente. Una de las extrañas capacidades de los traidores, pasa por hacerse querer. Es innato y constitutivo. Saben hacerlo de manera natural y de esta manera, su traición gana en dramatismo y pasa a ser más dolorosa. Así fue el ejemplo paradigmático de traición, que es el de Judas. Porque finalmente, el Cristo lo amaba.

La traición que duele, es la de aquel que uno ama. La traición de un apenas conocido, resulta como máximo incómoda.

A los traidores, los prefiero impacientes. Y a los estúpidos, los prefiero ostensiblemente estúpidos. Que se note, y se note a la legua su estupidez. Hay una cierta confusión del intelecto que consiste en encontrar inteligencia allí donde no la hay. Se busca tan desesperadamente la inteligencia, se desea con tanto fervor, que a veces se identifica como inteligente algo que dista mucho de serlo.

El ingenio suele ser el hijo bobo de la inteligencia. Una frase ingeniosa tiene su mérito, pero difícilmente pueda ser inteligente, salvo en su oportunismo. Cuando se está ávido de cosas inteligentes, al segundo chiste, al segundo retruque, a la segunda respuesta rápida (no en otra cosa consiste esta página) uno cree que se haya frente a lo que no es.

Y como hay gente que utiliza esa vivacidad con bastante eficacia, suele suceder que durante años uno reputa inteligente a quién no lo es.

Hasta que sobreviene la tremenda decepción, magnificada en este caso por el paso del tiempo. Porque a la larga, el estúpido se muestra como es. Nunca falla. Pero si es a la corta, si (como trato de hacer), lleva un cartel en la frente con el indicador de su estupidez grosera, entonces no engañará a nadie y tal vez me simpatice.

Nadie invierte silogismos, ni horas, ni esfuerzos en lo que no vale la pena.

Trato de ser un estúpido franco todos los días. Extiendo mi mano y mi estupidez en cada saludo y con total sinceridad para que nadie se engrupa conmigo.

Volviendo a los traidores, los prefiero malos. MUY malos. Para no perder tiempo oyéndolos, para que no me engañen y para que al primer compás me pueda llevar mi música a otra parte. Si un artista es malo, que no se esconda detrás de una moda. Si un amor es falaz, que se manifieste tal cual es desde el principio. Si una tarea resultará efímera, es bueno saberlo de entrada. Uno no va a dejar de hacer las cosas que hace. No dejará de escuchar música, de enamorarse o de trabajar. Pero avisen.

Avisen, por favor. Hago un llamado solidario a los malvados, a los estúpidos, a los traidores, a los ingratos, a los imbéciles y a los mentirosos para que avisen, para que sean muy malvados y se presenten de entrada como mis enemigos. Los voy a bancar igual, pero me ahorro el trabajo de quererlos.

Por favor, sean incivilizados, despiadados y directos. Avisen…así dejo el corazón en casa y lo uso solo cuando hace falta.

PD: El comentario es de por si un desengaño, pero al menos fue rápido y estaban advertidos ¿no?

lunes, 19 de mayo de 2008

Exploradores - La odisea de viajar con uno mismo

Hola a todos! Luego del tremendo éxito de los post anteriores sale un nuevo comentario, esta vez, sobre exploradores y travesías extrañas. Sepan disfrutarlo/disculparlo.

Un saludo grande a los viajeros.
Sergio.

EPIGRAFES: 1-Ernest Shackleton. 2-La tripulación del Endurance. 3 y 4 - Fotos del Endurance atrapado por el hielo. 5 y 6-La tripulación con el bote en el que llegaron a las Georgias, llamado James Caird. 7-Tumba de Shackleton en las Gerogias del Sur.

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Los grandes exploradores son, en general, consumidos por el fervoroso deseo de entregarle al mundo las pruebas de la existencia de fantásticos lugares en esta tierra o en otras. Ser los primeros es un desafío que solo estará completo en la medida que otros, gracias a la aventura vivida y a los riesgos corridos, sigan el camino trazado con el esfuerzo o la dedicación.
Sin embargo, solo al momento de volver, se dan cuenta que el viaje en si mismo cobra un matiz relevante por su misma presencia. Que el lugar más ignoto, dejará de serlo únicamente a partir de su estadía allí y que al sitio más hermoso solo se le hará justicia a partir de su poesía. En definitiva, se dan cuenta que ellos mismos son el viaje, más allá de las buenas o malas cualidades de la geografía.


Durante gran parte de su vida, Sir Ernest Shackleton intentó ser el primero en alcanzar el polo sur. Por distintos problemas, nunca pudo lograrlo y fue finalmente el noruego Ronald Amundsen, quién en 1911 lograra poner pie en el centro mismo del continente antártico. Sin embargo, los viajes de Shackleton son recordados por los ribetes espectaculares que cobraron y de todos ellos, el que realizó a fines de 1914 fue el más increíble de todos.
Ese año intentó atravesar la Antartida de lado a lado. La nave Endurance los iba a dejar en un punto de la costa del mar de Weddell y otro barco, el Aurora los aguardaría del otro lado, en el mar de Ross. El recorrido tenía 3.300 kilómetros y la tripulación era de 27 personas.



Los problemas comenzaron de inmediato. El Endurance, construido en Noruega, no era un rompehielos exactamente. Su madera era muy resistente (y de gran grosor) y podía romper alguna capa fina de formaciones sólidas, pero si quedaba atrapado por el hilo más fuerte, no podía salir. Pues el 19 de enero de 1915, el barco quedó aprisionado no muy lejos de la costa. Los témpanos lo apretaban y la madera comenzó a crujir, pero los tripulantes siguieron a bordo: la situación aún no era desesperante y optaron por aguardar.
Sin embargo la nave fue cada vez más apretada por los bloques y en un punto dado, con un fuerte estruendo provocado por maderos rotos, el barco quedó inclinado 30º a babor por lo que el 27 de octubre (casi 9 meses después!!) Shackleton ordenó abandonarlo y formar un campamento, el Ocean Camp en pleno témpano. Con la Primera Guerra Mundial en desarrollo, sus chances de que vinieran a socorrerlos eran casi nulas.

Shackleton propuso entonces, abordar un témpano…Parece increíble pero así es. Montarse en un témpano lo suficientemente sólido como para que los arrastre un tiempo y calcular la deriva. Esperaban que los vientos dejaran al témpano, con ellos arriba, cerca de la isla Elefante (a 346 millas marinas de allí) donde había un refugio establecido en 1904 por la corbeta argentina Uruguay (Shackleton había formado parte también de aquella expedición). No se si por lo que cuento refleja lo increíble de esta situación. Montaron un témpano!!!
Prepararon tres botes (pocos, porque como el témpano se iba a ir derritiendo, no podían viajar muy pesados), aunque Shackleton le permitió llevar al fotógrafo Frank Hurley su cámara (dado que el viaje estaba financiado por una editorial que publicaría un libro con esas fotos) y al meteorólogo del grupo, su banjo, porque consideraba que la música era “un tónico para la mente”.

El 30 de marzo de 1916 sacrificaron al último perro canadiense que tenían, para comerlo. La situación se hacía desesperante. Con el tiempo, avistaron la costa de la isla Elefante, pero se dieron cuenta que la iban a pasar de largo. Entonces se largaron en los tres botes y luego de batallar contra las mareas, llegaron a la costa. La alegría de los hombres de Shackleton fue inmensa: tocaban tierra luego de un año y medio. Pero el capitán sabía que solo habían ganado algo de tiempo. Si querían ser rescatados, debían seguir viaje. Instalaron un pequeño campamento, dejaron a los heridos o muy débiles como para continuar (los rescatarían más tarde) y en un bote (de los tres que tenían, hicieron uno) salieron a hacer 800 millas más a ver si acertaban las Georgias del Sur, donde había una factoría ballenera noruega. Otro dato increíble que por ahí pasa desapercibido: para este viaje, atravesaron en un botecito de morondanga, el Cabo de Hornos, la zona más tormentosa del planeta. Tiempo después Shackleton dijo que nunca había visto olas tan grandes como las que percibió en el pasaje de Drake….a bordo de un vote (de un vote!!! Y no hace calor ahí….el agua está fresquita).

Increíblemente alcanzaron las Georgias en dos semanas. Pero, lamentablemente, llegaron del lado equivocado. La ballenera estaba en la costa norte y ellos tocaron tierra por el sur. La isla tiene 30 kilómetros de ancho, pero no había caminos: eran 30 kilómetros de glaciares, picos nevados y montañas imposibles. Dejaron a dos que estaban muy débiles y tres de ellos comenzaron la marcha. Desde luego se perdieron, pero el 16 de mayo de 1916 escucharon la sirena de la factoría que llamaba a sus trabajadores a comenzar la jornada. Y así llegaron.
Pero esto no termina acá. Dieron la vuelta a la isla, rescataron a los que habían quedado y luego, emprendieron viaje a Elefante para buscar al resto. Esto se presentó complicado:

- Zarparon en un ballenero llamado Cielo del Sur pero a 60 millas de la isla debieron pegar la vuelta porque el hielo no los dejaba pasar.
- Entonces el gobierno de Uruguay le prestó a Shackleton otro barco, el Instituto de Pesca, pero nuevamente el hielo impidió el acceso.
- Marcharon a Punta Arenas y allí, residentes chilenos y argentinos le donaron fondos para rentar la goleta Emma. Pero a cien millas del objetivo, una caldera auxiliar explotó y debieron volver.
- Y recién en el cuarto intento, con el vapor Yelcho fletado por el gobierno chileno, Shackleton llegó y rescató a sus hombres.

En todo este lío, en este calvario de casi tres años….no se le murió ninguno. Todos los tripulantes sobrevivieron. Uno de los hombres de Shackleton escribió en su diario: “Para conductor científico, denme a Scott. Para viajar veloz y eficientemente, a Amundsen. Pero cuando uno se encuentra en una situación desesperada, cuando parece que no hay salvación, mejor ponerse de rodillas y pedir a Dios que envíe a Shackleton”.



Uno de los puntos más altos en las aventuras de exploración llevadas adelante por el hombre, fueron los viajes a la Luna. Es un tema que me apasiona pero no voy a entrar en demasiados detalles. Simplemente, me gustaría dejar las palabras del cuarto hombre en pisar la superficie lunar, Al Bean, en el Apollo 12.

“El mejor registro de lo que significó haber ido a la Luna y regresar no está en la evidencia tangible de ese esfuerzo. No está en las cosas que trajimos, sino en la conciencia y en la visión individual de los seres humanos que hicimos ese viaje. Al final, las cosas más valiosas que traje de la Luna fueron las mismas con las que me fui: mis dos mejores amigos que formaron parte de la tripulación del Apollo 12. Me doy cuenta que cuando se hace un viaje, ya sea al otro lado de la ciudad o a la Luna, lo único que importa es compartirlo con la gente querida. Porque, al final, eso es lo único que hay. Créanme, fui hasta a la Luna para comprobarlo”.

Al respecto, leí por ahí en una editorial: “los robots ya han llegado a otros planetas: a los valles de Marte, a las nubes de Júpiter y aún quedan otros lugares que recorrer con este método. Pero la satisfacción y el vacío repentino de una aventura realizada son conceptos humanos intangibles. Se podría decir que la humanidad no puede atestiguar un evento a menos que un humano haya experimentado la aventura directamente”.

Desde luego nosotros no somos exploradores. Nuestros viajes, mucho más modestos, no serán los primeros ni los últimos. No importa, la regla es la misma. Al fin de cuentas, la exploración de magníficos lugares tiene que ver con uno mismo. Con los deseos que motivaron el viaje y los recuerdos que sobreviven en nosotros. Alguna vez escuché que son pocos los paisajes en el mundo que, cuando se visitan, no decepcionan, porque es casi imposible que un escenario natural, por más espectacular que sea, cumpla con todo lo que uno soñó. Ahí está la cuestión, entonces. A un lugar, lo hacen aquellos que lo visitan. Un viaje al Gran Cañón del Colorado no se trata del lugar en si, sino de la inolvidable sensación de pararse al borde del abismo.

sábado, 3 de mayo de 2008

Nombrar - El milagro que cayó del espacio

Prometí un nuevo comentario para abril y acá está….en mayo. Por favor, comenten. Nos vemos.

Sergio.

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“Cuando escribo, siempre empiezo con los nombres. Dame un nombre y te cuento una historia. Casi nunca se da al revés”.

J.R.R. Tolkien

Tolkien creó lenguajes enteros para descubrir nuevas formas de nombrar las cosas y con ellas, nuevas historias. Los nombres suelen tener orígenes no investigados. Nos llegan del pasado y confiamos en ellos porque todos los demás alrededor nuestro los utilizan. Desde luego está la etimología, que es el estudio del origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma. Y está la lingüística de Ferdinand de Saussure, con el significado y el significante. Pero hay algo más, algo que, la verdad, se me escapa, algo mágico en esa virtud del hombre de nombrar las cosas que ve o siente. Todos los lenguajes comenzaron de cero y debieron designar cosas que no estaban catalogadas ni aceptadas socialmente. Y si bien todo esto no deja de tener una explicación científica, la escena me agrada y me obnubila. Porque cuando nombramos, ponemos en juego millones de cosas de las que casi no nos damos cuenta.

En primer lugar, cuando nombramos algo, lo creamos. Lo delimitamos, lo separamos del resto de las cosas y le damos una identidad. Un conjunto de normas, leyes y axiomas que conforman su existencia y lo diferencian del resto. Para Lacan (curioso que lo cite justo ahora, ya van a ver porqué…..pero bueno, hagan como que no lo vieron…..je), el nombre permite ciertas ventajas y desventajas; al nombrar algo pasa a ser un objeto identificado, se identifica como objeto. A un ser viviente al que se le dice Juan, se unifica bajo Juan, una epidermis que lo envuelve, que lo designa como unidad; pero al mismo tiempo está perdido para siempre su individualidad por el hecho de que está incorporado al lenguaje; al nombrar Juan se unifica algo más que un cuerpo.


Homero: Vamos! Ponle nombre a tu palo de golf
Bart: Que?
H: Ponle nombre!
B: Señor Palo
H: …..Podrías esforzarte un poco más no?!! Ponle nombre de mujer
B: mmmm………mamá
H: Tu palo se llama Marilyn!!!
B: Porqué?
H: Porque yo lo digo. Por eso!!


Esto significa que cuando nombramos algo, lo etiquetamos dentro de una categoría. Ese es, quizá, el lado negativo del asunto. Y acá quiero detener un rato.
La categorización de los eventos es un asunto peligroso. Me preocupa ver como grandes problemas son minimizados y degradados luego de su ubicación en un estándar. Se que voy a decir una estupidez, pero en parte, mi desconfianza al psicoanálisis tiene que ver con eso: la categorización de un problema personal dentro de un vasto catálogo de problemas personales. El dolor, la pena y la resignación, asuntos que a una persona pueden afectarla profundamente, pasan a ser “Depresión” dentro de un folio en una carpeta y su solución es otro conjunto de normas estándares que se aplican sin importar el individuo. En realidad, eso está bien: es lo que debe hacer un científico. No me creo especial y tampoco espero que un oncólogo mire un cáncer de manera “individual”. La ciencia es teoría y la teoría es la estandarización de normas frente a un determinado caso. Pero me gustaría pensar que cada paciente, con la misma enfermedad, es diferente.
Los problemas que tengo en la cabeza (estoy seguro que son muchos) son probablemente, lo más personal que tengo. Se que pueden ser categorizados porque son iguales a los de miles y miles de personas, pero aún así, su estandarización me suena a menosprecio. El drama personal, se vuelve típico en el lenguaje científico. Vale para un cálculo renal, pero en otras cuestiones…..


Volviendo. ¿Qué pasa si inventamos una palabra? Al pronunciarla inconscientemente la crearías basándote en algo, recurriendo a algo que la inspirara, aunque fuera una imagen fantástica. Si tuvieras que definirla, utilizarías otras palabras que sí son conocidas por el interlocutor, que también haría esa asociación.
Esta capacidad de “imaginar” los significados queda denunciada totalmente cuando se pierde la capacidad de habla. La Afasia es una enfermedad que consiste en la pérdida completa o incompleta de la facultad de la palabra, con conservación de la inteligencia y de la integridad de los órganos de la fonación. Es decir, la persona habla y para él, lo que dice es perfectamente normal. Sin embargo, solo emite sonidos incoherentes.
Las imágenes en su cerebro de las cosas que quiere decir están ahí, solo que un problema en los centros del lenguaje del cerebro mandan “señales” equivocadas.

Queda claro que todo este fenómeno es explicado por la ciencia, pero aún así, me parece algo misterioso y fantástico. Designar algo solo perceptivo como un color, una emoción, o cosas que en la realidad no existen, pero que todos reconocen como los dragones o los unicornios.
Nombrar algo o a alguien me sigue pareciendo una facultad que en teoría, debería ser de los dioses. Un acto divino que, sin embargo, le está permitido al ser humano. Es uno de los pocos.

lunes, 14 de abril de 2008

Noticias – La búsqueda del tesoro perdido

Estas palabras están basadas, en gran parte, en el artículo “Los noticieros estarían en cualquiera” del Diario Crítica el 06-04-08. Acá el link: http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=2319

Muchos Saludos y nos vemos. Espero que pronto.

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Me recuerdo mirando “Tiempo Nuevo” de Bernardo Neustadt. Recuerdo el odio que sentía hacia ese viejo despreciable y como las dos horas y pico de su programa eran como un ejercicio de auto flagelamiento. Puteaba en mil idiomas diferentes, cambiaba de canal por unos minutos, pero seguía maldiciendo, mascullado por lo bajo que “que hijo de puta”, hasta que no aguantaba más y volvía para ver que mierda estaban diciendo ahora. Y seguía puteando.

Una vez un profesor, que nos había mandado el análisis de varios noticieros de televisión, notó que nadie quería elegir los noticieros “fachos” del 9. El tipo se sorprendió. “Son los más difíciles de hacer, pero los más interesantes. Cualquiera puede ver un noticiero acorde con sus creencias. Nos dicen lo que queremos escuchar. Ahora, si realmente quieren analizar los medios, mejor practiquen con los que les generan bronca y no coinciden con ustedes. Ahí esta el desafío”. Tenía razón. Antes, yo ejercitaba ese control de la ira. Sabía que no podía dejarme llevar por la bronca si quería “ver como estaban hechos” estos programas. Ahora, ni siquiera esto puedo hacer.



Es que ya no hay ideología, salvo la no ideología. No hay agendas, salvo las vacías. Ya no hay Neustadt a quién putear (y luchar por seguir viendo) ni otro con quién coincidir (y disfrutar viéndolo). Todo es la noticia según Clarín. Por todos lados y en todos los ámbitos: la noticia vacía de otro significado, que no se encadena con nada.

Por supuesto hay ideología. Canal 9 la tiene. Y Clarín también, no se crean. Pero hay un vaciamiento de toda profundidad, un ocultamiento de todo esfuerzo asociativo. Nada se conecta con otra cosa y cada información se nos plantea única e indivisible.

Pequeños fragmentos del artículo:

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La noticia es algo novedoso, rompe el continuo de lo que ya se sabe: que Cristina Kirchner haya tenido que dar cuatro discursos en una semana es noticia, no lo es que esté en la Casa Rosada gobernando. Pero en la televisión argentina existe una condición adicional para que un hecho llegue a la pantalla: que se pueda presentar en forma de conflicto: “Gobierno vs. campo” tituló Telenoche. “Algo debe pasar, alguien debe ceder”, dijo Telefe Noticias.

En primer lugar, la audiencia sumada de los envíos nocturnos es respetable, pero Showmatch la puede superar en cualquier buena noche, por ejemplo aquella en que Nina Peloso, militante del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados y participante en Bailando por un sueño, protagonizó el Momento-Caño. Y si bien los medios son, para el gran público, “el indicador más poderoso de los temas o problemas de una época” –como escribió Ford en su libro La marca de la bestia–, hace rato que el periodismo televisivo pierde terreno

La televisión ofrece, como Sandro, un mundo de sensaciones. Abunda la obvia, indestructible nota con el deudo: la madre de un adolescente que acaba de morir de dos puñaladas en una escuela de Villa Gesell se culpa porque le insistió para que terminara el secundario. El primer plano nos abstrae de las coordenadas de espacio y tiempo –escribió el filósofo francés Gilles Deleuze en La imagen-movimiento– y nos fundimos en el llanto con esta mujer. La cronista de América Noticias, en otra confirmación de que la redundancia es ley en su rubro, nos hablaba de “una vida que se perdió, que no se recupera”, enumeraba “los libros, las lapiceras, los cuadernos” que dejó Jonathan Otero, decía que la situación era “muy, muy triste”.

“Así quedó el periodismo”, dijo Ford. “La formación es terrible y produce una degradación muy grande de la calidad periodística. Pero este deterioro se da en el país: en la política hay caída de calidad, en la universidad hay caída de calidad. Inclusive el nivel de información de los periodistas es flojo.”
Eso explica la improvisación en la cobertura del conflicto por las retenciones móviles. “¿Acaso venimos discutiendo de soja en los medios?”, siguió Ford. “¿Quién habla del cianuro en la extracción del oro, quién habla de las talas en el Norte? ¿Dónde se hace una genealogía de los problemas, dónde se ofrece algún conocimiento histórico? No se piensa o se debate el país. Las agendas son pobres.”

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Este artículo se centró en los noticieros de TV. En este medio, la información quedó en manos de un género en decadencia. Los programas políticos están sumergidos en la marea del cable y en algunos casos, en horarios incomprensibles. La noticia masticada queda para aquellos que pagan los 100 mangos de Cablevisión o Multicanal (que hora son la misma empresa) y que pueden zafar de la tentación de ver el fútbol o una película. Algo que, desde luego, no esta mal. Pero la oferta de un segundo análisis de la noticia va desapareciendo. Y de a poco, la sigue la demanda.

Pero este no es un problema solo de la televisión. Los diarios siguen el camino y de a poco, todas las noticias tienen el sello Clarín: notas “lavadas” de cualquier doble sentido. Por eso, saludo los pocos esfuerzos que hay de no ocultar un análisis ideológico, cualquiera fuere. Crítica de Lanata por ejemplo o, si señor, Canal 9 (y C5N y Radio 10). Facho o no, uno sabe donde se para, desde donde habla. Y sus posturas racistas, machistas, anti gay, anti villa, anti aborto, pro curas violadores y demás porquerías estaban profundamente analizadas y expuestas. Hasta hace poco, porque también va declinando, tenía a Mariano Grondona en el aire, por ejemplo. Detestable, pero ahí estaba la editorial de su ideología.

Los extraño. Extraño odiarlos y putearlos. Ahora también puteo, pero no por no coincidir, sino por no encontrar.

En el congreso “Investigar la Comunicación”, en Santiago de Compostela, el antropólogo Néstor García Canclini describió esta clase de agenda como “la acumulación de informaciones efímeras y poco importantes que ocupan el lugar de la información pública”, sobre la que se erige “la sociedad del desconocimiento”.

lunes, 10 de marzo de 2008

Calendarios – El Arte de Conmemorar

Luego de un tiempo bastante prolongado llega un nuevo comentario. Sepan agradecer la demora a través de sus comentarios.
Saludos.

Sergio.

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El calendario que usamos en la actualidad tiene su antecedente en el utilizado en Roma, que a su vez se basó en otro de origen Etrusco. Hasta 1582, este esquema temporal fue el utilizado por la humanidad casi sin modificaciones en relación al original. Numa Pompilio, segundo rey de Roma, fue quién lo adoptó para los usos y costumbres de la época y era, en esencia, una agenda de sucesos y festividades (políticas y religiosas).


El año era de diez meses ya que contaban desde Marzo hasta Diciembre e ignoraban dos meses, llamados meses muertos, que en esa época no tenían nombre. Martius (Marzo), el primer mes, era dedicado a Marte, padre de Rómulo y fundador de la ciudad. Después venía Aprilis (Abril, que significaba una apertura de la tierra en cuanto a las cosechas), Maius (Mayo, dedicado a Maya, una antigua Diosa amante de Vulcano), Junius (Junio dedicado Juno), y después venían numerales: Quintilis (en la época del imperio fue cambiado a Julio en honor a Julio César), Sextilis (Agosto, por Augusto), September (siete), October (ocho), November (nueve) y December (diez).

Los etruscos hicieron una nueva innovación, también incorporada por los romanos: le dieron vida y nombre a los meses muertos. Enero, dedicado al dios Jano (recordar que en inglés es january) y Febrero (dedicado al dios de los muertos, Febrerus).

Martius, Maius, Quintilis y Octubre eran de 31 días; Febrero de 28 y los demás de 29. Total=355 días. Esto generaba importantes desfasajes ya que con el tiempo, las estaciones comenzaban a llegar después de la cuenta (con el consecuente fallo en las cosechas). Esto los obligaba a realizar permanentes correcciones. La más común consistía en agregar un mes, cada tantos años, entre el 23 y 24 de Febrero. A ver si queda claro: llegaba el día 23, insertaban un mes entero en el medio y después llegaba el 24. Nos vemos mañana…




El trabajo de arreglar el calendario le era encargado al “pontifice”, que en esa época no designaba al Papa, sino precisamente, al cargo gubernamental que ocupaba el encargado de “reparar” el calendario. Fue Julio César, en su rol de sumo pontífice, el que se dio cuenta de que el calendario estaba mal. Las actualizaciones improvisadas no alcanzaban y el retraso llegó a sumar casi tres meses. Por eso, le encargó a un matemático griego, Sosígenes, el armado de un calendario en base al egipcio. Y allí nace el calendario Juliano que se uso hasta 1582 cuando el Papa Gregorio XIII vio otro atraso (ya se trataba de un desfase mucho menor) que se corrigió suprimiendo 10 días: se pasó del 4 de octubre al 15. Julio César fue, además, el que adoptó la norma de sumar un días cada cuatro años en Febrero.


El Calendario es cruel. Yo siempre hago una apuesta por el conocimiento, salvo en este caso. Después de mucho meditarlo, decidí que me gustaría no saber medir el tiempo y permanecer en la ignorancia en relación al tema. Nótese que como un único favor, el almanaque nos concedió no marcarnos, con una pequeña calavera supongo, el día de nuestra muerte. Esa es la única ventaja que nos concede. No saber cuando morimos. El resto, es matemática despiadada.

Alguna vez escuché que el calendario es, para el alma, una metáfora de la espera. Las consultas a sus páginas se realizan para saber cuanto falta para determinado acontecimiento; cuanto falta para que algo suceda.

¿Alguna vez se preguntaron que pasaría si suprimiéramos el calendario? Estoy convencido que la sociedad se derrumbaría. Porque el trabajo del calendario consiste en atarnos a los acontecimientos futuros. Lamentablemente, no hay una sola cosa de las que hacemos que no sea mirando al futuro. Esperar el sueldo, la fecha de pago, las vacaciones, etc. En lo que al calendario respecta, todo se hace mirando hacia adelante, excepto una: conmemorar.
Cuando miramos el almanaque y nos damos cuenta que estamos en un día que en el pasado fue ocupado por un hecho trascendental en nuestras vidas, estamos realizando el único ejercicio en el que el calendario nos deja retroceder. Aniversarios, muertes, nacimientos o incluso feriados históricos empujan a nuestro pensamiento hacia atrás y no hacia adelante.

Una noche Sam entró en el estudio y encontró a Frodo muy extraño. Estaba palidísimo, con la mirada como perdida en cosas muy lejanas.
-¿qué le pasa, señor Frodo? – dijo Sam.
-Estoy herido -respondió él-, herido; nunca curaré del todo.
Pero luego se levantó, y pareció que el malestar había desaparecido, y al otro día, era de nuevo el Frodo de siempre. Sólo más tarde Sam reparó en la fecha: 6 de Octubre. Dos años antes, ese mismo día, se había hecho la oscuridad en la hondonada de la Cima de los Vientos.

J.R.R.Tolkien.
El Señor de los anillos – El retorno del Rey.


Así que a sacar los marcadores y hacer círculos en esos números implacables, incluso para rememorar las heridas que nunca cierran. Propongo aceptar esta maldita evolución de los días a la que nos obliga el calendario, pero a regañadientes. Si hemos de avanzar hacia el futuro, será a desgano, a contrapelo y en constante desacuerdo. Atención, entonces: a tener más respeto por las ceremonias y a no menospreciar las viejas sensaciones que resurgen de las sombras del tiempo.


Dedico esto a los que esperan. Algo...cualquier cosa...una sola cosa.
El que espera, desea.

lunes, 28 de enero de 2008

Interpretaciones - Múltiples, únicas o no consecutivas.

Me preguntaron el significado de la letra de una canción. Di una respuesta que me pareció genial los primeros cinco minutos, y patética los siguientes tres días así que, como para defender mis dudosas cualidades de “receptor”, dejo este texto. Gracias a todos por los comentarios y en este caso, a Natalia y sus amigos, participes involuntarios de esta farsa.

Saludos.
Sergio.

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La interpretación de una obra artística es un ejercicio de características tan bastas y complejas como puede serlo la obra misma. Empiezo a escribir esto sin entender del todo los datos que me propuse estudiar para el tema o, lo que es peor, malinterpretándolos. Así que ya se imaginarán. Siento decir que no habrá aquí, explicaciones sobre aquellas letras de canciones incomprendidas. Habrá, en cambio, el principio de varias ideas, abandonadas dos párrafos después.

Es evidente que la obra artística plantea un reto para todos nosotros: su correcta interpretación. Pero ¿existe tal cosa? En primer lugar, habrá que decidir que postura adoptamos. Están aquellos que piensan que existe solo un significado “correcto” y otros que suscriben la múltiple interpretación de una misma obra.

El artista crea con un objetivo y aquellos que intencionalmente no se plantean un objetivo, sin quererlo ya lo tienen: el no-objetivo. Las letras de las canciones siempre quieren decir algo y no otra cosa. Ya sea en un lenguaje directo o en metáforas elaboradas, el compositor intentó expresar algo, buscó un efecto, aludió a un tema. Con esto, podríamos alentar la primera teoría: hay un significado único y original y cuando los “espectadores” fallan en leerlo, pues están equivocados.


Veamos lo que dice un texto que encontré por ahí sobre el razonamiento en el arte. Su autor es un tal Shari Tishman, de la Universidad de Harvard.

“El interpretar una obra de arte es explicar lo que ésta significa. El razonamiento sobre el arte significa el tratar de construir buenas interpretaciones. Para esto debe prestarse mucha atención a lo que nos dicen nuestros ojos y sentidos acerca de la obra de arte, y pensar cuidadosamente sobre dichas observaciones”.

Y sigue así, elaborando un manual de cómo interpretar racionalmente el arte. Este pascual (jajaja a veces disfruto mucho escribiendo en esta página) quiere defender la múltiple interpretación y hace exactamente lo contrario. A ver: si existe algo así como una “buena” interpretación del arte, eso quiere decir que hay algunas interpretaciones “mejores” que otras. Y por lo tanto, hay UNA interpretación que será mejor que todas las demás. La original del artista. Es cierto que cuanto más instruido esté una persona, más sustento tendrá su teoría interpretativa, pero eso no la hace correcta.

¿Será que no hay interpretaciones correcta, sino individuales?

Llegamos a la segunda teoría, ciertamente más popular que la primera. Existen múltiples interpretaciones para una obra y si bien habrá algunas más fundamentadas que otras, difícilmente pueda hablarse de “correctas”. Esta línea de razonamiento está más probada. Cada persona que ve algo distinto en una misma obra, la ratifica.

Diálogo de la película “El Mediador”:

- Me gustó Shane.
- Si, Shane está bien, aunque prefiero los Westerns que terminan con el héroe vivo. Como Río Bravo.
- Creo que te equivocas de película. Shane vive. Al final, lo ves alejándose y ese chico, Brandon De Wilde, lo llama: “Shane, Shane, regresa!”
- Bueno, lamento que sea yo el que te da esta noticia, pero Shane muere.
- Nunca lo ves muerto. Estás suponiendo!
- No, es un error común. En la toma final se desploma de su caballo. Shane no voltea cuando lo llaman porque no puede. Está muerto.
- Se desploma porque está herido. Desplomado no es muerto.
- Supongo que sos de las personas que creen que Butch y Sundance también sobreviven. Aunque no los ves muertos, en la última toma ves que la casa donde están está rodeada y que la balacera está por comenzar.

No es posible decir quién tiene razón. Aún cuando pudiéramos localizar al autor, creo que su opinión tampoco serviría de mucho. Es que soy de la idea de que cuando un artista “lanza” su obra al mundo, pierde el control sobre ella y debe sufrir la “prostitución” de su sentido original en manos de millones de clientes. Por eso los artistas son reacios y contestan de mala gana cuando se les pregunta “que quiso decir con esta u otra cosa?” Porque saben que ya no importa. La obra habló por sí sola, y él no tiene poder alguno sobre los que escuchan.

Además, los rastros de un autor en la obra no son siempre voluntarios. Puede que el artista se exprese en esa obra, pero también puede ser que se oculte, que engañe o que deje señales que ni el mismo pretende dejar, involuntarias. Una canción de amor puede provenir de un compositor enamorado, pero también de otro que fue abandonado y quiere tapar de alguna manera su desesperada situación. Y lo que nosotros vemos como un “canto al amor” es la obra de un desamorado. ¿Cómo es posible encontrar una interpretación correcta en esta maraña?

Debo decir que mis actos suscriben esta teoría, pero mis deseos buscan la primera. Encuentro mucho placer en releer libros una y otra vez o volver a ver viejas películas. En cada lectura o visionado, tomo significados diferentes, mensajes distintos, palabras nuevas y giros desconocidos. Me dejo sorprender cada vez y este acto de ingenuidad me produce un placer inmenso. Me vuelvo a asustar y a emocionar, pese a saber el resultado. Mi pequeño engaño al paso del tiempo. Solo por un instante, aquel lector fuerte e intrigado se fusiona en una confusa imagen con este lector ya malherido y desengañado. Y por unos instantes, no se sabe cual es cual. El placer es doble: volver a sentir las viejas sensaciones y crear nuevas al mismo tiempo.

Aún así, la idea de un significado original me carcome el cerebro. Se que por ahí, dando vueltas, está el verdadero sentido que quiso transmitir el artista y cuando creo haberlo obtenido, lo defiendo a muerte y no tolero fácilmente las contradicciones.

Como verán hablé a favor de las dos teorías. Para justificarlo, me remito a la metodología de una de mis materias-enemigo de la facultad: la semiótica. Allí vemos como se separan dos campos de estudio bien definidos: la producción y el reconocimiento. Y todos los estudios semiológicos se realizan bajo el siguiente precepto: no se pueden estudiar los dos al mismo tiempo. Puede hacerse un análisis sobre las condiciones de producción o sobre las de reconocimento, pero nunca de ambas. Porque no hay un efecto causal: “como el mensaje fue tal, la respuesta del que lo recibe va a ser tal otra”. No funciona así. Se puede estudiar la producción (el área más extensa) o sea, el mensaje, el medio, etc. Pero no se puede incluir en ese estudio, el efecto que tendrá en el receptor. Esto es motivo de otro análisis más complejo, porque incluye elementos que no tienen que ver solo con el mensaje. Hay factores psicológicos, históricos, etc. Es mucho más complicado teorizar la recepción.

Simplificando: por un lado se estudia una obra, su autor, los elementos que tomó para la realización, etc. Por el otro, los efectos de esa obra. Ambos son “válidos” (si se quiere usar esa palabra): la intención del mejor de los artistas y la interpretación del más obtuso de sus receptores que, dentro de su ignorancia, será tocado por la magia del arte.

Pero aún así, aliento la búsqueda del supuesto significado verdadero, aunque este no llegue nunca. Me gusta creer que una obra no termina cuando pretendo haberla entendido. Después de todo, y como dijo Descartes, “hay que creer en lo que todavía no es demostrable. Y para hacerlo, hay que desconfiar del propio razonamiento”.


Y para que vean que esto puede ser tomado con humor, les dejo a otro “incomprendido”. Jajaja nos vemos.