miércoles, 24 de diciembre de 2008

Detalles - El placer minimalista.

Bueno prometí una entrada antes de navidad y aquí está. Les deseo a todos una muy feliz navidad.

Un abrazo grande.

Sergio.

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En 1874 aparecieron una serie de artículos sobre pintura italiana en una revista alemana de historia del arte. Estaban firmados por un erudito ruso desconocido hasta el momento llamado Iván Lermolieff aunque unos años después, el autor verdadero se confesó como Giovanni Morelli (nombre conocido para aquello que estudien Semiótica). En esos artículos, se proponía un nuevo método para reconocer falsificaciones. Y el método provocó una fuerte polémica. 

Morelli sostenía que los museos estaban llenos de pinturas atribuidas de manera errónea. Es decir, que se decían de un autor, pero en realidad correspondían a otro. Para descubrir a quién pertenecía en realidad una pintura (y por lo tanto se estaba mal atribuida) o si era una falsificación,  Morelli sostenía que había que dejar de considerar las características de  estilo mas importantes de un artista  ya que, precisamente, esas eran las más imitadas y practicadas por los falsificadores. En cambio, el estudio debía centrarse en los detalles menores, esos que son pasados por alto pero que, analizados con cuidado, también marcaban el estilo de un artista. Lóbulos de las orejas, uñas, forma de los dedos de los pies, etc. Y en un libro, recopiló todos estos detalles y los catalogó por autor. Con ese método realizó docenas de descubrimientos y malas “asignaciones” en los museos de Europa.

El método fue muy criticado. Se lo tachó de mecánico, de positivista y con el tiempo, cayó en desgracia. Los libros de arte de Morelli eran muy engorrosos y estaban llenos de ilustraciones de orejas y manos en vez de obras completas y a los estudiantes y  expertos no les agradaba. Sin embargo, este estilo influyó y mucho en otros dos médicos bastante importantes.

1) Sir Arthur Conan Doyle: El autor de Shelock Holmes construyó uno de los personajes más importantes en la literatura mundial en base a su capacidad para, precisamente, descubrir estos detalles y a partir de allí, resolver misterios imposibles para los demás.

En “La caja de cartón” le envían a una señora dos orejas cortadas y se las dan a Holmes para ver que hacía de ellas.

"Holmes contemplaba atentamente el perfil de la señora. Por un instante fue posible leer en su rostro sorpresa y satisfacción”. Más tarde, le dice a Watson: “Usted como médico sabe que no hay parte que varíe tanto en el cuerpo humano como la oreja. Por regla general cada oreja es distinta. Imagínese mi sorpresa cuando al mirar a la señorita Cushing me di cuenta que su oreja se parecía a la enviada en la caja. Sin duda, se trata de la oreja de un familiar muy próximo”. 

2) Sigmund Freud: El amigo Freud escribió infinidad de artículos defendiendo a Morelli (sin saber que era Morelli. Seguía pensando que era Lermolieff). “Supe que un crítico ruso, Iván Lermolieff, prescindió de la impresión de conjunto y prestó atención a las minucias”, expuso en uno de ellos. La esencia de las teorías freudianas está aquí mismo: pequeños gestos, equívocos, errores o expresiones que vienen a “delatar” otra cosa más compleja.


Es que Morelli, como Freud después, proponían un método interpretativo que se basaba en la consideración de lo marginal y supuestamente irrelevante, como un “indicio” revelador. Los detalles llevaban a la interpretación de un todo general. Para Freud eran “síntomas”, para Doyle, “pistas” y para Morelli “rasgos pictóricos”. Y para los semiólogos, bueno, estamos es su salsa. Ferdinand de Saussure también se tomó de esta teoría para comenzar a idear su “signo”.

 

Vemos detalles todos los días. Al tratar una enfermedad, tratamos un síntoma, signos que den cuenta de una patología. Para la ley, somos detalles, huellas digitales, ADN o “marcas distintivas y  tatuajes” que dan un indicio de nuestra persona toda. Lo que nos permite ser distinguidos de otro miembro de la misma especie, es el detalle.

Somos detalles, nuestra individualidad surge de ellos. Lo que nos enamora son detalles, milímetros únicos e irrepetibles, segundos imposibles de reproducir en serie, palabras justas impronunciables por alguien distinto. Lo que nos motiva al odio o al enfado también son detalles que para los demás pueden llegar a ser ridículos.

 

El fenómeno global parece tratar de aniquilar los detalles. Son los detalles los que nos hacen diferentes y complicados para los que quieren vender exactamente lo mismo para todos. Si no hubiera detalles, sería muy fácil convencernos a todos a pensar de cierta manera. La rebeldía es un detalle, una pequeña diferencia que hay que cultivar toda la vida.

Es difícil en estos tiempos, pero no debemos pasar por alto los detalles. No hace falta ser ni Sherlock ni Freud para notarlos. Vale la pena detenerse en ellos, meditarlos, estudiarlos y gozarlos.

Porque el resto, es todo lo mismo.

 


viernes, 5 de diciembre de 2008

Música - Mala, Buena o Mejor

Hola! Perdón por el descuido de la página. Pero bueno, funcionando de nuevo.

Espero dejen algun cometnario, pa inflar el ego nomás.

Muchos saludos.

Sergio

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La primera noción que conviene sacarse de encima cuando se discute este tema es la de la democrática subjetividad de lo que es “bueno” y lo que es “malo”. Esa idea que se expresa como “lo que es bueno para algunos es malo para otros”, “sobre gustos no hay nada escrito” o “si lo compran millones por algo será”.

Estas ideas nos alejan de una verdad ineludible: efectivamente hay buena música y mala música. Pretender que esto es una cuestión solo de gustos es esquivarle al tema.

En primer lugar, y solo para empezar a escarbar en el tema, se puede decir que hay música compleja y música elemental. La cantidad de elementos que se utilizan para la composición de una pieza musical es variable: pueden ser muchísimos y pueden ser poquísimos (lo mismo que en otras obras artísticas). EN GENERAL (importante esto) las músicas elementales son además, pobres. Pertenecen al mundo de la industria y su propio carácter elemental las hace fácilmente recordables. Son las que se venden mayoritariamente y las que tienen más uso/ganancia para el mercado que explota un público no preparado para una obra más compleja.

Esto es lo que se llama por comodidad “la música”, pero no es más que una forma elemental de ella.

 

Esto no quiere decir que todo deba ser complejo. Hay piezas relativamente sencillas que poseen una gran belleza y hay, desde luego, obras complejísimas que son muy malas. El tema es que lo sencillo se disparó de una manera avasallante. Lo sencillo incluye hoy por hoy, melodías de tres notas. Las melodías de tres notas no solo son elementales y pobres, son una porquería.

 

Entonces para empezar, tenemos que hay música compleja y música que no lo es. Solo con esto, ya comenzamos a anular la idea de que en el arte solo existen las opiniones subjetivas y los gustos dispares. Me parece que esa noción es auspiciada por aquellos que tienen muy poco que ofrecer. Aquellos que al no poder elaborar música compleja, reclaman para ellos el mismo prestigio y los mismos derechos que alcanzan las cumbres de la complejidad musical.

Avancemos. La música es un arte combinatorio, cercano a las matemáticas, pero que además nos conecta a través de esas relaciones, con un mundo de sugerencias, un mundo espiritual y metafórico para llegar al cual, tanto el músico como el que escucha DEBEN DAR ALGUNOS PASOS.

 Hay que hacer algunas tareas, hay que poner un poco de esfuerzo.

Para leer El Quijote hay que saber leer y hay que saber leer el castellano. Eso ya es un trabajo. Pero si además, el que lee está familiarizado con la literatura, con las estructuras de las obras, con los estilos de la época y si además entrena su emoción, su inteligencia, su razón, su perspicacia y lo aplica a lo que está leyendo, entonces disfrutará muchísimo más del Quijote que, por caso, un marinero noruego recién bajado del barco.

 

Yo creo que si uno se toma el trabajo de prepararse de esa manera, de realizar ese entrenamiento (y no estoy hablando de hacer cursos de literatura o cursar filosofía y letras. El grado de esfuerzo queda en cada uno), podrá disfrutar mucho más de la música que aquel que golpea el pie contra el piso ante cada “PUM-PUM” y mueve la cabeza para arriba y para abajo. Esa es la reacción menos musical de todas: la reacción del tam-tam. La más primaria y elemental de todas, aquella utilizada por el hombre cuando comenzaba a desentrañar el significado de la música.

 

Y aquí ya estoy hablando de la “música” electrónica y de los “músicos” que la interpretan (vuelvo a mencionar la preparación que también es necesaria por parte del artista). Y no está mal: yo también reacciono de esa manera ante ese estímulo. REPITO: NO ESTA MAL. Lo que digo es que si uno comienza a avanzar un poco más, solo un poco, va a dejar de mover el pie y mover la cabeza. Porque la música es algo más que golpes, que reacciones espasmódicas casi involuntarias ante un estímulo primario.

Si avanzamos un poquito mas, vamos a darnos cuenta de la colección enorme de emociones que despierta una música apenas más compleja o elaborada. Eso sí, tenemos que tomarnos el trabajo.

 

Por eso se vende más fácil. Porque lo elemental no requiere trabajo ni de quién lo produce ni de quién lo incorpora. Pues yo creo que ese trabajo es lo que diferencia la buena música de la mala. ¿La música electrónica, es música? Si lo es, pero es la más elemental, la menos elaborada, la menos preparada, apenas el primer acercamiento.

La música no es una discusión jurídica. Hay diferencias y las admito. En algún punto el gusto juega a favor o en contra. Y entiendo a quienes me dicen que dentro del género de la electrónica también hay música buena y mala.

 

Lo que podemos hacer es intentar avanzar y aspirar a llegar un poco más alto. Digo….¿Nos conformamos con lo elemental? ¿No queremos algo más?


PD: Excelente lo de Capusottto con DJ Marmota. Noten la introducción: “Muchos artistas descubren que gracias a la tecnología, es una idiotez estudiar música, cuando en realidad se puede usar la música de otros que estudiaron y se rompieron el culo”. Y después: “No se pongan a estudiar instrumentos. Hoy la computadora te hace todo”.

Más claro, imposible.


domingo, 19 de octubre de 2008

Conservar las Murallas y Cortar los Caminos


Hola gente. Primer texto recuperado del naufragio tecnológico. Muy pronto (¿por suerte?) llegará el segundo. Les dejo un saludo muy grande y un pedido de comentario al que lo desee.

Sergio


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En apariencia, la intransitable cualidad de una muralla y el poder conectivo de un camino son conceptos opuestos. Herramientas de flujos (de gente, de información de sentimientos) con usos bien distintos. Y, de paso, conceptos que se prestan para miles y miles de metáforas, alegorías y paralelismos. ¿Será tan así? Vamos a tocar algunas murallas y caminos paradigmáticos y después, probar algunas de esas gastadas comparaciones.

 

Desde luego, la gran muralla china es el primer ejemplo que viene a la cabeza de cualquiera. Fue construida con un uso práctico e inmediato: proteger el imperio de los ataques de los nómadas xiongnu de Mongolia y Manchuria. El principal propósito del muro no era impedir que lo atravesaran a pie, sino más bien impedir que los invasores trajeran caballería con ellos.



Pero hay otro motivo más profundo y significativo. El emperador, Qin Shi Huang, que ordenó la construcción de la muralla, quería, además, abolir la historia (en parte lo logró. Es considerado el primer Emperador chino). O mejor dicho, quería que la historia comenzara con él. Mandó a quemar todos los libros y levantó la muralla para que ninguna “información” de hechos pasados entrara.

El decreto de Qin Shi Huang obligó a sacrificar todas las obras literarias, históricas y filosóficas (particularmente las confucianas y maoístas), aunque salvó del fuego muchos tratados científicos y, por suerte, ordenó que se conservara un ejemplar de cada obra quemada, el cual sólo podía ser consultado por altos mandos del gobierno. La tradición y el pasado quedaron así prohibidos bajo pena de muerte.

Borges sostuvo en 1950, en  “La muralla y los libros”, que dada la colosal escala de ambas empresas, el incendio de las bibliotecas y la edificación de la muralla fueron operaciones que de modo secreto se anulaban entre sí en los deseos de Qin Shi Huang (que él llamaba Shih Huang Ti).

 

“Shih Huan Ti, según los historiadores, prohibió que se mencionara la muerte y buscó el elixir de la inmortalidad y se recluyó en un palacio figurativo, que constaba de tantas habitaciones como hay días en el año; estos datos sugieren que la muralla en el espacio y el incendio en el tiempo fueron barreras mágicas destinadas a detener la muerte”.

Y luego agrega:

“He hablado de un propósito mágico; también cabría suponer que erigir la muralla y quemar los libros no fueron actos simultáneos. Esto (según el orden que eligiéramos) nos daría la imagen de un rey que empezó por destruir y luego se resignó a conservar. O la de un rey desengañado que destruyó lo que antes defendía”.

 Jorge Luis Borges “La muralla y los libros”.


Como vemos, la afirmación inicial (las murallas detienen y los caminos intercomunican) es puesta a prueba. Sigamos…

Para ejemplificar un camino, recurriré a una de las más importantes tradiciones de los indios pampas.

Había un camino directo y muy transitado entre el cielo y la tierra y ese era el camino de las estrellas, de la vía láctea. Pero ese camino, estaba cortado. Fue cerrado para siempre por Cha Chao el viejo, creador del mundo, que en otras épocas solía bajar del Cielo para entretenerse en la pampa. Una tarde de puro aburrido amasó con barro unos muñequitos que se le parecían lejanamente, como si fueran una caricatura de la divinidad. Su hermano Gualicho, el espíritu del mal, resolvió jugar una broma y sopló sobre aquellas figuras irrisorias, con ese soplo les dio vida y así nacieron los hombres. Cuando advirtió lo sucedido, Cha Chao se espantó y huyó al Cielo. Con su facón cortó la galaxia y aisló para siempre la región celestial. Desde entonces Cha Chao vive solo sin que parezca importarle demasiado el género humano; en cambio Gualicho, el espíritu del mal, el demonio, se quedó abajo, en el mundo de los hombres y recibe de ellos toda clase de homenajes. Es que los pampas dedican sus oraciones a Gualicho bajo la siguiente consigna: al Dios “bueno” no hace falta pedirle nada, ni ofrecerle nada. Es el Dios “malo” al que debemos convencer.

Aún quedan señales de aquel episodio en este cielo que nos cobija; aún queda la huella de un ñandú que en la confusión quiso seguir a Cha Chao al Cielo. Esa huella es la Cruz del Sur. Y también puede verse la marca de las boleadoras que el dios indiferente le arrojó al ñandú, y esa marca es la constelación del Centauro.

 


La obvia analogía tiene que ver con las murallas y los caminos interiores. No voy a escapar de la comparación, pero quise destacar dos casos en los que las supuestas características de los muros y los trazados son por lo menos cuestionadas.

 

La obsesión por la verdad policial en cuestiones de afectos (concepto que ya utilicé y desde luego no me pertenece) nos hace buscar la desnudez sentimental. Y la falsa idea de “flujo constante” nos hace buscar caminos que nos interconecten con las ideas todos los que nos rodean, como si eso hiciera falta.

Entiendan aquellos que creen que conocer a alguien consiste en “derribar barreras” o murallas en su pensamiento. Las personas que piensan que deben descubrir con la fuerza del sitiador, el secreto que esconde una muralla del otro lado: los muros están allí por algo, y los caminos no conducen a un sitio arbitrario, sino que recorren la huella a la que están destinados. Estamos destinados (los científicos usen el término que prefieran) a conocer a quienes conocemos y no a otros. Conciente o inconsciente es una elección nuestra y no debemos menospreciarla merced de la exigencia de “interconectividad” que nos pide la época.

Conocer una persona tiene que ver, más bien, con una doble invitación: a desistir en el encierro y a recorrer caminos difíciles e intransitados. Estas tareas requieren un trabajo tan arduo y constante que difícilmente pueda ser compatible con la idea de “conocer gente copada”.

 

martes, 2 de septiembre de 2008

Emergencias - Que hacer cuando se te pincha el rígido (de la PC)

El título no es joda ni mucho menos metafórico. Se murió el rígido de la PC y perdí las entradas que estaba preparando (un gran total de tres) así que mientras las empiezo a hacer de nuevo, mando unas lindas citas de Alejandro Dolina, programas viejos de 1989 y 1991. Especial atención a la segunda parte y al concepto de "Inexistencia Beligerante".
No puedo evitar pensar que las líneas que perdí eran las mejores que escribí alguna vez, pero probablemente sea una percepción equivocada...............¿o no?

Bueno muchos saludos, comenten y nos vemos.

Sergio.

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En todos los cursos, propuestas de esos “métodos para triunfar”, “maneras de alcanzar la buena fortuna” y “progresar en la vida”, algunos de los cuales tienen que ver, peligrosamente, con ciertas religiones, lo que la gente pide es progresar en los negocios.

En cierto momento de esos libros o cursos, se enumeran los problemas que un hombre puede tener y que deben ser solucionados y son todos el mismo problema: acaso sus ventas no son suficientes? Su negocio anda mal? Anda mal en su trabajo? No se lleva bien con el jefe? Sus clientes le rehuyen?....son todos el mismo problema. Nunca se enferma un hermano, nunca nadie se enamora, nadie se muere, nadie tiene un problema artístico. Solo hay quines venden y quienes no.

Testimonio: “Compré las ‘llaves de la fortuna’ y gane en el casino”…….. “Salí de pobre gracias al ‘hunguento de la buena suerte’”………….”Recibí una herencia inesperada de un abuelo en Holanda luego de comprar ‘el buda de a felicidad’” La muerte de un hombre no es un problema, sino una solución. Mire que suerte que tiene: se compró el amuleto y se le murió el abuelo dos días después…extraordinario.

Y cuando se refieren al amor, se refieren a algo horroroso. La idea de que uno puede superponer su voluntad a los demás. Venden “perfumes” con “feromonas” para imponer una voluntad que el otro no tiene. Esto ya es criminal. ¿Por qué no le da directamente una patada y la obliga a hacer lo que usted quiere?

Ninguno, nunca, jamás, dice “usted, con esto, va a ser un tipo mejor”. Estoy esperando un talismán que diga “Con esto usted va a ser más decente”. Mire, le doy el título: “Compre el Peludo del doctor Grossman” Con este producto empezará a ser más decente, más estudioso, más noble. Y a los pocos días, le empezará a ir horrible.

Le va a ir muy mal. Si dice la verdad, si encuentra guita en la calle y la devuelve, si no transa, si trata de no pisarle la cabeza al otro con tal de ganar ¿Cómo le va a ir?...mal!

Imagínese el afiche “Todos los sueños que usted tuvo no se le cumplirán en la perra vida gracias al ‘Peludo del doctor Grossman’”

“Testimonios: Yo era vendedor de autos usados. Un día compré el Peludo y al otro día, me hice músico de jazz. Ahora me comen los piojos”.

Otro: “Yo engrupía a las gilas y vivía de las minas. Me hacía pagar todo de arriba y me iba fenómeno. Un día me compré el peludo del doctor Grossman y todo cambió. Me enamoré de una muchacha, le di mi corazón, le fui fiel…..y aquí me ve”.

¿Y que gana con todo esto? se preguntará. Bueno, el que compra el peludo, compra también una doctrina, según la cual es mejor perder con los amigos antes que ganar junto a los indeseables. Y en un universo donde ganan los malos, a lo mejor uno prefiere perder. Y hay algo mucho mejor. Imagínese que un día entre los días, con Peludo y todo, usted gana. Casi seguro que no pase y que siempre pierda. Pero imagínese que un día gane. Será algo fantástico, mucho mejor que haber ganado arruinando al otro o esperando que alguien se muera.

Yo quisiera poder preferir perder toda la vida y cuando me toque mojar una, saber que la gané con el Peludo. Arrastrando el peso de lo que creo que está bien.


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LUEGO DE LEER UN INFORME DE MERCADO DONDE SE HACIAN PREGUNTAS SOBRE TENDENCIAS DE CONSUMO Y DABAN DOS RESPUESTAS POSIBLES: A O B.

Lamento decirle que su universo es muy restringido porque usted conoce a dos giles, llamado A o B. Esto lo que a uno le hace sentirse un extraño en este mundo. Descubrir que uno no es A o B. Darse cuenta que uno no quiere estar en ese rango, es una garantía de alienación. Porque en este mundo si no sos A o B no figurás en las 40 del maso. No existís. Eso es lo que tenés que hacer para existir. Las modas, lo pasajero, lo banal, lo carente de significado, lo que compres y como te vendas.

Bueno en este contexto, es interesante plantearse la posibilidad de no existir. Viendo quienes son los que existen, puede extraerse una noción del precio de lo que existir presupone. Analizando este precio y la conducta que hay que adoptar para esa existencia, habría que, repito, analizar seriamente resignarse a la inexistencia.

No ser ni A ni B. No ser ni nadie, ni nada. No ser tenido en cuenta por este mundo que nos toca. Les advierto que la inexistencia es muy dura, pero también les digo que es mucho peor existir teniendo que pagar ciertos precios.

Llamo y convoco a una inexistencia beligerante. En beligerancia con un universo en donde solo existen los que transan, los que se aceptan la opinión general y la postura de los estúpidos que los rodean como camino rápido al éxito…….Pues inexistamos.

Si me venís a buscar, no estoy. No existo. No me busques. Yo que vengo inexistiendo desde hace tiempo y que fui tentado por la existencia, si de algo estoy orgulloso es de la dosis de inexistencia que me toca.

domingo, 3 de agosto de 2008

Un llamado a los estúpidos

Pasó un tiempo largo (que sabrán agradecer) desde el último comentario. Intentaré garabatear algunas cosas más pronto. El de hoy es un tanto diferente a los anteriores y me gustarían saber que opinan al respecto. Comenten si pueden.

Un saludo grande.

Sergio.


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A CONTINUACIÓN, UN COMENTARIO ESTÚPIDO. PELIGRO DE DESENGAÑO.


En medio de mi micro-clima general de pérdida de paciencia, voy a hacer un pedido al mundo en general.

Quiero decir que siempre son preferibles los desengaños tempranos por sobre los tardíos. Con esto empiezo. Me parece importante aclarar que ante la inevitable presencia de los desilusiones, siempre, siempre son mejores aquellas que ocurren…digamos…a las dos horas. A diferencia, desde luego, de las que suceden después de 20 años. Porque durante esos 20 años, uno se involucra, teje lazos de afecto o lo que sea que después hacen todo el asunto más complicado y terrible.

Es preferible también la traición temprana. Conviene que nos traicionen a los 10 minutos o inmediatamente. Una de las extrañas capacidades de los traidores, pasa por hacerse querer. Es innato y constitutivo. Saben hacerlo de manera natural y de esta manera, su traición gana en dramatismo y pasa a ser más dolorosa. Así fue el ejemplo paradigmático de traición, que es el de Judas. Porque finalmente, el Cristo lo amaba.

La traición que duele, es la de aquel que uno ama. La traición de un apenas conocido, resulta como máximo incómoda.

A los traidores, los prefiero impacientes. Y a los estúpidos, los prefiero ostensiblemente estúpidos. Que se note, y se note a la legua su estupidez. Hay una cierta confusión del intelecto que consiste en encontrar inteligencia allí donde no la hay. Se busca tan desesperadamente la inteligencia, se desea con tanto fervor, que a veces se identifica como inteligente algo que dista mucho de serlo.

El ingenio suele ser el hijo bobo de la inteligencia. Una frase ingeniosa tiene su mérito, pero difícilmente pueda ser inteligente, salvo en su oportunismo. Cuando se está ávido de cosas inteligentes, al segundo chiste, al segundo retruque, a la segunda respuesta rápida (no en otra cosa consiste esta página) uno cree que se haya frente a lo que no es.

Y como hay gente que utiliza esa vivacidad con bastante eficacia, suele suceder que durante años uno reputa inteligente a quién no lo es.

Hasta que sobreviene la tremenda decepción, magnificada en este caso por el paso del tiempo. Porque a la larga, el estúpido se muestra como es. Nunca falla. Pero si es a la corta, si (como trato de hacer), lleva un cartel en la frente con el indicador de su estupidez grosera, entonces no engañará a nadie y tal vez me simpatice.

Nadie invierte silogismos, ni horas, ni esfuerzos en lo que no vale la pena.

Trato de ser un estúpido franco todos los días. Extiendo mi mano y mi estupidez en cada saludo y con total sinceridad para que nadie se engrupa conmigo.

Volviendo a los traidores, los prefiero malos. MUY malos. Para no perder tiempo oyéndolos, para que no me engañen y para que al primer compás me pueda llevar mi música a otra parte. Si un artista es malo, que no se esconda detrás de una moda. Si un amor es falaz, que se manifieste tal cual es desde el principio. Si una tarea resultará efímera, es bueno saberlo de entrada. Uno no va a dejar de hacer las cosas que hace. No dejará de escuchar música, de enamorarse o de trabajar. Pero avisen.

Avisen, por favor. Hago un llamado solidario a los malvados, a los estúpidos, a los traidores, a los ingratos, a los imbéciles y a los mentirosos para que avisen, para que sean muy malvados y se presenten de entrada como mis enemigos. Los voy a bancar igual, pero me ahorro el trabajo de quererlos.

Por favor, sean incivilizados, despiadados y directos. Avisen…así dejo el corazón en casa y lo uso solo cuando hace falta.

PD: El comentario es de por si un desengaño, pero al menos fue rápido y estaban advertidos ¿no?

lunes, 19 de mayo de 2008

Exploradores - La odisea de viajar con uno mismo

Hola a todos! Luego del tremendo éxito de los post anteriores sale un nuevo comentario, esta vez, sobre exploradores y travesías extrañas. Sepan disfrutarlo/disculparlo.

Un saludo grande a los viajeros.
Sergio.

EPIGRAFES: 1-Ernest Shackleton. 2-La tripulación del Endurance. 3 y 4 - Fotos del Endurance atrapado por el hielo. 5 y 6-La tripulación con el bote en el que llegaron a las Georgias, llamado James Caird. 7-Tumba de Shackleton en las Gerogias del Sur.

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Los grandes exploradores son, en general, consumidos por el fervoroso deseo de entregarle al mundo las pruebas de la existencia de fantásticos lugares en esta tierra o en otras. Ser los primeros es un desafío que solo estará completo en la medida que otros, gracias a la aventura vivida y a los riesgos corridos, sigan el camino trazado con el esfuerzo o la dedicación.
Sin embargo, solo al momento de volver, se dan cuenta que el viaje en si mismo cobra un matiz relevante por su misma presencia. Que el lugar más ignoto, dejará de serlo únicamente a partir de su estadía allí y que al sitio más hermoso solo se le hará justicia a partir de su poesía. En definitiva, se dan cuenta que ellos mismos son el viaje, más allá de las buenas o malas cualidades de la geografía.


Durante gran parte de su vida, Sir Ernest Shackleton intentó ser el primero en alcanzar el polo sur. Por distintos problemas, nunca pudo lograrlo y fue finalmente el noruego Ronald Amundsen, quién en 1911 lograra poner pie en el centro mismo del continente antártico. Sin embargo, los viajes de Shackleton son recordados por los ribetes espectaculares que cobraron y de todos ellos, el que realizó a fines de 1914 fue el más increíble de todos.
Ese año intentó atravesar la Antartida de lado a lado. La nave Endurance los iba a dejar en un punto de la costa del mar de Weddell y otro barco, el Aurora los aguardaría del otro lado, en el mar de Ross. El recorrido tenía 3.300 kilómetros y la tripulación era de 27 personas.



Los problemas comenzaron de inmediato. El Endurance, construido en Noruega, no era un rompehielos exactamente. Su madera era muy resistente (y de gran grosor) y podía romper alguna capa fina de formaciones sólidas, pero si quedaba atrapado por el hilo más fuerte, no podía salir. Pues el 19 de enero de 1915, el barco quedó aprisionado no muy lejos de la costa. Los témpanos lo apretaban y la madera comenzó a crujir, pero los tripulantes siguieron a bordo: la situación aún no era desesperante y optaron por aguardar.
Sin embargo la nave fue cada vez más apretada por los bloques y en un punto dado, con un fuerte estruendo provocado por maderos rotos, el barco quedó inclinado 30º a babor por lo que el 27 de octubre (casi 9 meses después!!) Shackleton ordenó abandonarlo y formar un campamento, el Ocean Camp en pleno témpano. Con la Primera Guerra Mundial en desarrollo, sus chances de que vinieran a socorrerlos eran casi nulas.

Shackleton propuso entonces, abordar un témpano…Parece increíble pero así es. Montarse en un témpano lo suficientemente sólido como para que los arrastre un tiempo y calcular la deriva. Esperaban que los vientos dejaran al témpano, con ellos arriba, cerca de la isla Elefante (a 346 millas marinas de allí) donde había un refugio establecido en 1904 por la corbeta argentina Uruguay (Shackleton había formado parte también de aquella expedición). No se si por lo que cuento refleja lo increíble de esta situación. Montaron un témpano!!!
Prepararon tres botes (pocos, porque como el témpano se iba a ir derritiendo, no podían viajar muy pesados), aunque Shackleton le permitió llevar al fotógrafo Frank Hurley su cámara (dado que el viaje estaba financiado por una editorial que publicaría un libro con esas fotos) y al meteorólogo del grupo, su banjo, porque consideraba que la música era “un tónico para la mente”.

El 30 de marzo de 1916 sacrificaron al último perro canadiense que tenían, para comerlo. La situación se hacía desesperante. Con el tiempo, avistaron la costa de la isla Elefante, pero se dieron cuenta que la iban a pasar de largo. Entonces se largaron en los tres botes y luego de batallar contra las mareas, llegaron a la costa. La alegría de los hombres de Shackleton fue inmensa: tocaban tierra luego de un año y medio. Pero el capitán sabía que solo habían ganado algo de tiempo. Si querían ser rescatados, debían seguir viaje. Instalaron un pequeño campamento, dejaron a los heridos o muy débiles como para continuar (los rescatarían más tarde) y en un bote (de los tres que tenían, hicieron uno) salieron a hacer 800 millas más a ver si acertaban las Georgias del Sur, donde había una factoría ballenera noruega. Otro dato increíble que por ahí pasa desapercibido: para este viaje, atravesaron en un botecito de morondanga, el Cabo de Hornos, la zona más tormentosa del planeta. Tiempo después Shackleton dijo que nunca había visto olas tan grandes como las que percibió en el pasaje de Drake….a bordo de un vote (de un vote!!! Y no hace calor ahí….el agua está fresquita).

Increíblemente alcanzaron las Georgias en dos semanas. Pero, lamentablemente, llegaron del lado equivocado. La ballenera estaba en la costa norte y ellos tocaron tierra por el sur. La isla tiene 30 kilómetros de ancho, pero no había caminos: eran 30 kilómetros de glaciares, picos nevados y montañas imposibles. Dejaron a dos que estaban muy débiles y tres de ellos comenzaron la marcha. Desde luego se perdieron, pero el 16 de mayo de 1916 escucharon la sirena de la factoría que llamaba a sus trabajadores a comenzar la jornada. Y así llegaron.
Pero esto no termina acá. Dieron la vuelta a la isla, rescataron a los que habían quedado y luego, emprendieron viaje a Elefante para buscar al resto. Esto se presentó complicado:

- Zarparon en un ballenero llamado Cielo del Sur pero a 60 millas de la isla debieron pegar la vuelta porque el hielo no los dejaba pasar.
- Entonces el gobierno de Uruguay le prestó a Shackleton otro barco, el Instituto de Pesca, pero nuevamente el hielo impidió el acceso.
- Marcharon a Punta Arenas y allí, residentes chilenos y argentinos le donaron fondos para rentar la goleta Emma. Pero a cien millas del objetivo, una caldera auxiliar explotó y debieron volver.
- Y recién en el cuarto intento, con el vapor Yelcho fletado por el gobierno chileno, Shackleton llegó y rescató a sus hombres.

En todo este lío, en este calvario de casi tres años….no se le murió ninguno. Todos los tripulantes sobrevivieron. Uno de los hombres de Shackleton escribió en su diario: “Para conductor científico, denme a Scott. Para viajar veloz y eficientemente, a Amundsen. Pero cuando uno se encuentra en una situación desesperada, cuando parece que no hay salvación, mejor ponerse de rodillas y pedir a Dios que envíe a Shackleton”.



Uno de los puntos más altos en las aventuras de exploración llevadas adelante por el hombre, fueron los viajes a la Luna. Es un tema que me apasiona pero no voy a entrar en demasiados detalles. Simplemente, me gustaría dejar las palabras del cuarto hombre en pisar la superficie lunar, Al Bean, en el Apollo 12.

“El mejor registro de lo que significó haber ido a la Luna y regresar no está en la evidencia tangible de ese esfuerzo. No está en las cosas que trajimos, sino en la conciencia y en la visión individual de los seres humanos que hicimos ese viaje. Al final, las cosas más valiosas que traje de la Luna fueron las mismas con las que me fui: mis dos mejores amigos que formaron parte de la tripulación del Apollo 12. Me doy cuenta que cuando se hace un viaje, ya sea al otro lado de la ciudad o a la Luna, lo único que importa es compartirlo con la gente querida. Porque, al final, eso es lo único que hay. Créanme, fui hasta a la Luna para comprobarlo”.

Al respecto, leí por ahí en una editorial: “los robots ya han llegado a otros planetas: a los valles de Marte, a las nubes de Júpiter y aún quedan otros lugares que recorrer con este método. Pero la satisfacción y el vacío repentino de una aventura realizada son conceptos humanos intangibles. Se podría decir que la humanidad no puede atestiguar un evento a menos que un humano haya experimentado la aventura directamente”.

Desde luego nosotros no somos exploradores. Nuestros viajes, mucho más modestos, no serán los primeros ni los últimos. No importa, la regla es la misma. Al fin de cuentas, la exploración de magníficos lugares tiene que ver con uno mismo. Con los deseos que motivaron el viaje y los recuerdos que sobreviven en nosotros. Alguna vez escuché que son pocos los paisajes en el mundo que, cuando se visitan, no decepcionan, porque es casi imposible que un escenario natural, por más espectacular que sea, cumpla con todo lo que uno soñó. Ahí está la cuestión, entonces. A un lugar, lo hacen aquellos que lo visitan. Un viaje al Gran Cañón del Colorado no se trata del lugar en si, sino de la inolvidable sensación de pararse al borde del abismo.

sábado, 3 de mayo de 2008

Nombrar - El milagro que cayó del espacio

Prometí un nuevo comentario para abril y acá está….en mayo. Por favor, comenten. Nos vemos.

Sergio.

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“Cuando escribo, siempre empiezo con los nombres. Dame un nombre y te cuento una historia. Casi nunca se da al revés”.

J.R.R. Tolkien

Tolkien creó lenguajes enteros para descubrir nuevas formas de nombrar las cosas y con ellas, nuevas historias. Los nombres suelen tener orígenes no investigados. Nos llegan del pasado y confiamos en ellos porque todos los demás alrededor nuestro los utilizan. Desde luego está la etimología, que es el estudio del origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma. Y está la lingüística de Ferdinand de Saussure, con el significado y el significante. Pero hay algo más, algo que, la verdad, se me escapa, algo mágico en esa virtud del hombre de nombrar las cosas que ve o siente. Todos los lenguajes comenzaron de cero y debieron designar cosas que no estaban catalogadas ni aceptadas socialmente. Y si bien todo esto no deja de tener una explicación científica, la escena me agrada y me obnubila. Porque cuando nombramos, ponemos en juego millones de cosas de las que casi no nos damos cuenta.

En primer lugar, cuando nombramos algo, lo creamos. Lo delimitamos, lo separamos del resto de las cosas y le damos una identidad. Un conjunto de normas, leyes y axiomas que conforman su existencia y lo diferencian del resto. Para Lacan (curioso que lo cite justo ahora, ya van a ver porqué…..pero bueno, hagan como que no lo vieron…..je), el nombre permite ciertas ventajas y desventajas; al nombrar algo pasa a ser un objeto identificado, se identifica como objeto. A un ser viviente al que se le dice Juan, se unifica bajo Juan, una epidermis que lo envuelve, que lo designa como unidad; pero al mismo tiempo está perdido para siempre su individualidad por el hecho de que está incorporado al lenguaje; al nombrar Juan se unifica algo más que un cuerpo.


Homero: Vamos! Ponle nombre a tu palo de golf
Bart: Que?
H: Ponle nombre!
B: Señor Palo
H: …..Podrías esforzarte un poco más no?!! Ponle nombre de mujer
B: mmmm………mamá
H: Tu palo se llama Marilyn!!!
B: Porqué?
H: Porque yo lo digo. Por eso!!


Esto significa que cuando nombramos algo, lo etiquetamos dentro de una categoría. Ese es, quizá, el lado negativo del asunto. Y acá quiero detener un rato.
La categorización de los eventos es un asunto peligroso. Me preocupa ver como grandes problemas son minimizados y degradados luego de su ubicación en un estándar. Se que voy a decir una estupidez, pero en parte, mi desconfianza al psicoanálisis tiene que ver con eso: la categorización de un problema personal dentro de un vasto catálogo de problemas personales. El dolor, la pena y la resignación, asuntos que a una persona pueden afectarla profundamente, pasan a ser “Depresión” dentro de un folio en una carpeta y su solución es otro conjunto de normas estándares que se aplican sin importar el individuo. En realidad, eso está bien: es lo que debe hacer un científico. No me creo especial y tampoco espero que un oncólogo mire un cáncer de manera “individual”. La ciencia es teoría y la teoría es la estandarización de normas frente a un determinado caso. Pero me gustaría pensar que cada paciente, con la misma enfermedad, es diferente.
Los problemas que tengo en la cabeza (estoy seguro que son muchos) son probablemente, lo más personal que tengo. Se que pueden ser categorizados porque son iguales a los de miles y miles de personas, pero aún así, su estandarización me suena a menosprecio. El drama personal, se vuelve típico en el lenguaje científico. Vale para un cálculo renal, pero en otras cuestiones…..


Volviendo. ¿Qué pasa si inventamos una palabra? Al pronunciarla inconscientemente la crearías basándote en algo, recurriendo a algo que la inspirara, aunque fuera una imagen fantástica. Si tuvieras que definirla, utilizarías otras palabras que sí son conocidas por el interlocutor, que también haría esa asociación.
Esta capacidad de “imaginar” los significados queda denunciada totalmente cuando se pierde la capacidad de habla. La Afasia es una enfermedad que consiste en la pérdida completa o incompleta de la facultad de la palabra, con conservación de la inteligencia y de la integridad de los órganos de la fonación. Es decir, la persona habla y para él, lo que dice es perfectamente normal. Sin embargo, solo emite sonidos incoherentes.
Las imágenes en su cerebro de las cosas que quiere decir están ahí, solo que un problema en los centros del lenguaje del cerebro mandan “señales” equivocadas.

Queda claro que todo este fenómeno es explicado por la ciencia, pero aún así, me parece algo misterioso y fantástico. Designar algo solo perceptivo como un color, una emoción, o cosas que en la realidad no existen, pero que todos reconocen como los dragones o los unicornios.
Nombrar algo o a alguien me sigue pareciendo una facultad que en teoría, debería ser de los dioses. Un acto divino que, sin embargo, le está permitido al ser humano. Es uno de los pocos.